Por.
Dr. Walther G.
Introducción
Como pensador del fenómeno religioso, especialmente del
cristianismo, me ha llamado la atención desde hace varios años que cierto
segmento marginal, sectario y analfabeto del cristianismo evangélico se
atribuya enfermizamente la posesión de algo que ellos llaman “la sana
doctrina”, se auto perciben como “iglesias o predicadores de sana doctrina” y
manifiestan un desdén grosero y hasta matonesco con quien no pertenezca a su círculo
inmaculado de poderosos iluminados llenos de fuego y sabiduría cósmica.
Manosean degeneradamente la frase “sana doctrina” haciendo de ella una
muletilla o etiqueta con la cual buscan atribuirse una especie de exclusividad
religiosa, se apropian de la expresión intentando generar un monopolio
espiritual excluyente a la usanza de las más ortodoxas sectas farisaicas de los
tiempos bíblicos. En efecto, tiendo a deducir que el obsesivo uso y abuso de la
frase “sana doctrina” cumple un propósito propagandístico de manipulación psico-emocional
de masas típico de sectas destructivas. Hay una deliberada intención de
mantener el control de las personas inyectándoles una fuerte dosis de
inseguridad y miedo, algo así como “aquí estas seguro, afuera están los malos”;
“aquí está la sana doctrina, los demás están todos contaminados con el error”.
Por una parte, se insiste en una prepotente auto
recomendación y al mismo tiempo se desacredita constantemente al resto
alimentando prejuicios e incluso llegando si es necesario a la difamación, recurriendo
a etiquetas, sobrenombres o a humillantes insultos, así mantienen a sus adeptos
conflictuados, paranoicos y cautivos. Ósea, para estas sectas la sana doctrina
equivale a “lo que aquí se enseña y como se enseña” sin ninguna posibilidad de
cuestionamiento, sólo se tolera el sometimiento ciego y mudo a la infalible ex catedra de los psicópatas que
lideran. Digo psicópatas pues hablan y actúan como tales, se observa en ciertos
líderes una desfachatez y sinverguenzura digna del mejor actor de reparto, son
actores en el sentido que pueden interpretar distintos personajes de un momento
a otro, en ocasiones son los cristianos más sensibles y gentiles que jamás
hayamos visto sobre la faz de la tierra, pero cuando tocas algún área que
afecte sus intereses sectarios o personales, cuando ven amenazado su reino, su
autoridad o ego, sufren descompensaciones emocionales, su verdadera
personalidad y naturaleza salvaje se manifiesta desaforadamente sin límites ni medidas,
su mente se nubla, colapsan psicológicamente, y su perturbación da paso a la
crueldad más baja y sádica, pasan diametralmente de aparentar cristianismo a revelar
toda la impiedad que los consume realmente.
El Psicópata cristiano que colapsa y es superado por su
naturaleza caída, experimenta cognitivamente una supresión radical de la
realidad, sentido común, la lógica, criterio, la vergüenza, el pudor, empatía, la
ética, la moral y por ende el temor Dios. Pueden imaginar entonces la cantidad
de iglesias lideradas por verdaderos perturbados.
Todo esto confirma mis observaciones sobre la existencia
de un proceso contemporáneo de descomposición cristiana que va en rápido
crecimiento, una condición degradada, mediocre y sucedánea de cristianismo, una
consiente y espantosa conformidad al analfabetismo teológico y una impactante
tendencia hacia la criminalidad espiritual con visos de cruzar incluso los
límites legales (Mr. 13:12; Mt. 24:12)
Algo
de razonamiento
Como profesor obviamente considero que lo primero que
debería ser objeto de análisis es la ultrajada expresión “sana doctrina” ¿Qué
entendemos por algo sano? Y ¿Qué es doctrina? Según el diccionario de la real
academia española, algo sano vendría del latín sanus, algo o alguien que goza de buena salud, es robusto, vital,
saludable, fuerte, etc. También lo relaciona con algo libre de error o vicio,
recto, saludable moral o psicológicamente. Principios sanos. Doctrina sana,
etc.
De igual manera, y según el mismo diccionario la palabra
doctrina viene del latín doctrīna, que
hace referencia a enseñanza que se da para instrucción de alguien o también, conjunto
de ideas u opiniones religiosas, filosóficas, políticas, etc., sustentadas por
una persona o grupo.
¿Y si aplicamos estas definiciones a la teología, y más
específicamente al texto bíblico? ¿la biblia nos habla de sana doctrina? Y si
se menciona la “sana doctrina” ¿a qué se refiere?
Con la ayuda de una concordancia podríamos encontrar
fácilmente tres versículos donde textualmente aparece la frase “sana doctrina”,
y estos son: 1 Timoteo 1:10; 2 Timoteo 4:3 y Tito 2:1.
a)
Primer
texto en cuestión: “…para los
fornicarios, para los sodomitas, para los secuestradores, para los mentirosos y
perjuros, y para cuanto se oponga a la sana doctrina,” (1Ti. 1:10)
En el versículo 2 de 1 Timoteo 1, Pablo llama a Timoteo
“verdadero”, es decir, legítimo o sincero. Pablo destaca que mediante su
ministerio Timoteo se había convertido y se había preparado para ser ministro
del Evangelio, o que Timoteo era especialmente notable por su genuina
consagración a la causa de Cristo y personalmente a Pablo. Y añade a “verdadero”, “hijo en la fe”, es decir, del correcto sistema de creencias, ósea “del que os hemos anunciado” (Gá.
1:8) o como tajantemente señala en su carta a los efesios “…edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas,
siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, " (Ef. 2:20)
En el versículo 3 y 4 Pablo hace valer su autoridad
apostólica para que las iglesias jóvenes no sufrieran debido a algunos que
menospreciaban su apostolado “…Como te
rogué que te quedases en Efeso, cuando fui a Macedonia, para que mandases a
algunos que no enseñen diferente doctrina, ni presten atención a fábulas
y genealogías interminables, que acarrean disputas más bien que edificación de
Dios que es por fe, así te encargo ahora.” El apóstol advierte a Timoteo sobre el peligro de que algunos enseñen “diferente doctrina”, es decir algo
diferente a la “sana doctrina” ¿Cuál sana doctrina? ¡La que está fundamentada
sobre los apóstoles y profetas! Bien sentenciaba el profeta Isaías cuando dijo: “¡A la ley y al testimonio! Si no dijeren conforme
a esto, es porque no les ha amanecido.” (Is.8:20) cuando el versículo 4
señala “edificación de Dios” quiere
decir, formar en la fe como Dios quiere.
Algo digno de destacar es que algunos versículos nos
brindan descripciones claras de lo que estaría relacionado con la “diferente doctrina” además incluyen
preceptos morales, “fábulas y genealogías
interminables, que acarrean disputas más bien que edificación” (v.4); “vana palabrería” (v.5); “queriendo ser doctores de la ley, sin
entender ni lo que hablan ni lo que afirman” (v.7); “los transgresores y desobedientes, para los impíos y pecadores, para
los irreverentes y profanos, para los parricidas y matricidas, para los
homicidas, para
los fornicarios, para los sodomitas, para los secuestradores, para los
mentirosos y perjuros”
(v.9 y 10) y lapida estas menciones con “y
para cuanto se oponga a la sana doctrina”y el versículo 11 “según el glorioso evangelio del Dios
bendito, que a mí me ha sido encomendado”.
Apropósito de mi reciente doctorado en teología, me llama
la atención el versículo 7 “queriendo ser
doctores de la ley”, algunas versiones bíblicas como la versión Reina-Valera
1995 o la versión de Jerusalén traducen “pretenden ser doctores de la
Ley”, aquí, la alusión es directa a los maestros judíos (Lc. 5:17; Jn.
3:10; Ro. 2: 17-22) Cabe recordar que una de las acepciones de la palabra
“doctor” es “el que enseña públicamente”, y que esta palabra está relacionada
con la palabra "doctrina", que significa "enseñanza".
Deriva del latín doctor, “el que
enseña”, “maestro”. Los “doctores de la ley” son, en los Evangelios,
generalmente llamados “escribas”. Esos maestros se ocupaban especialmente de la
exposición de las leyes escritas y orales de la nación, y de la aplicación de
esas leyes a la vida. La mayoría de ellos eran fariseos, porque éstos eran los
que se interesaban especialmente en los detalles de la ley.
Cristo reprochó la incapacidad de los escribas y maestros
para comprender el significado de la ley. Opiniones personales y verdades
asimiladas a medias son las mercaderías que ofrecen los inmaduros y supuestos
maestros, sectarios y llenos de prejuicios. Las palabras de un maestro tienen
profunda influencia, y cuando sus palabras se pronuncian sin discriminación ni
la debida comprensión, sólo pueden confundir.
El resto del versículo 7 dice: “sin entender ni lo que hablan ni lo que afirman”, pero es mucho
más elocuente como lo expresa la versión de Jerusalén “sin entender lo que dicen ni lo que tan rotundamente afirman”. A
esto lo he llamado “analfabetismo teológico”.
b)
Segundo
texto en cuestión: “Porque vendrá tiempo
cuando no sufrirán la sana doctrina,
sino que, teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus
propias concupiscencias,” (2 Ti. 4:3)
Para comprender este
texto es necesario al igual que hice con el anterior, contextualizar y analizar
los textos precedentes y si es necesario los siguientes.
Pablo exhorta a Timoteo a cumplir su deber con todo
cuidado y diligencia. El versículo 2 es extraordinario, pues el consejo directo
es a predicar: “que prediques la
palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende,
exhorta con toda paciencia y doctrina". Predicar proviene del latín praedicāre, que significa proclamar o
anunciar algo públicamente. Su aplicación principal abarca desde la
proclamación de la doctrina religiosa hasta la promoción de valores morales y
la coherencia entre lo que se dice y se hace. La fuente de donde debe
fundamentarse Timoteo para exhortar y enseñar es la palabra (2 Ti. 3:16).
Es decir, “la
palabra de Dios” (cap. 2: 9), “la
palabra de verdad” (cap. 2: 15). El método de Cristo de comunicar la verdad
constituye el modelo para cada cristiano. Él se concentraba en la revelación de
la verdad, y se negaba a malgastar su tiempo discutiendo falsas teorías o
refutando a los que las proponían. Jesús destacaba los deberes prácticos
relacionados con las experiencias diarias de sus oyentes. Anhelaba que los
seres humanos fueran fortalecidos para cumplir los deberes cotidianos. Por lo
tanto, no predicaba doctrinas caprichosas o suposiciones sensacionales con el
propósito de complacer la curiosidad o de cimentar su prestigio personal ante
la turba voluble. De la misma manera, los ministros no deben incluir
tradiciones y opiniones humanas en sus sermones, pues sólo la Palabra es eficaz
para hacer frente a las necesidades de seres humanos debilitados por el pecado.
Los relatos agradables que sólo atraen la atención y mueven a risa, son
incompatibles con la solemne responsabilidad de un ministro que profesa
representar a Cristo.
La frase “prediques
la palabra” tácitamente sugiere el propósito de ayudar a hombres y mujeres
a hacer frente a las tentaciones y a resolver los problemas de la vida
cotidiana. Esta orden elimina toda la liviandad, todas las interpretaciones
caprichosas basadas en exégesis inexactas y todos los temas baladíes. El
Espíritu Santo cooperará con los esfuerzos del maestro o predicador únicamente
cuando comunica la verdad. El maestro, como heraldo de Dios, sólo debe predicar
la Palabra; de lo contrario es un impostor.
Cuando los maestros cumplen su misión como eslabones
vivientes entre la infinita suficiencia de Dios y las necesidades de los
hombres, sus mensajes consisten únicamente en el Pan de Vida puro (Juan 6: 51,
63). Sus sermones o clases de teología serán de tal naturaleza que sus oyentes no
sólo queden complacidos con la presentación, sino también constreñidos a
recordar los principios de verdad que han sido presentados. La Palabra genuina
fomentará nuevos hábitos y creará nuevas inspiraciones y esperanzas.
Al instar a Timoteo a exhortar con “toda…doctrina” quiere decir con toda “enseñanza sana” que proviene
de las mismas escrituras, que constituye el fundamento y la trama de toda
genuina experiencia cristiana. Las doctrinas constituyen los hechos en cuanto a
Dios y su voluntad. Son las únicas armas del ministro o profesor contra el
error, su único manual para saber o probar lo que es correcto o no (1 Jn. 4:1) La
verdad, la doctrina verdadera, la doctrina correcta y sin vicios que yace en la
misma biblia es lo único que da vigor y vitalidad al cristiano. Las falsas
enseñanzas engendran enemistad y debilidad en el alma.
El versículo 3 dice, “vendrá
tiempo”, el apóstol pensaba sin duda en la gran apostasía que pronto se
desarrollaría en la iglesia, y que continuaría amenazándola hasta el segundo
advenimiento de Cristo (Mat. 24: 23-27; Hech. 20: 28-31; 2 Tes. 2: 1- 12; 1
Tim. 4: 1-3, 2 Tim. 3: 1-5). La expresión “sufrirán”,
hace referencia a “no escucharan voluntariamente” o como dicen otras versiones
bíblicas “no soportarán”. Y nuevamente nuestra frase “sana doctrina”, la verdad es lo único que da vigor y vitalidad al
cristiano. Las falsas enseñanzas engendran enemistad y debilidad en el alma,
ósea no estar en la “sana doctrina” es creer y practicar mal la sana doctrina y
la raíz se encuentra en una MALA COMPRENSIÓN de la sana doctrina que es lisa y
llanamente la palabra de Dios mal comprendida. Las falsas enseñanzas derivan de
no entender rectamente la sana doctrina.
Todos estamos en posesión de la sana doctrina, pero no
todos son guiados por el Espíritu de verdad para conocer la verdad, no todos
tienen la misma capacidad cognitiva, no todos tienen las herramientas
hermenéuticas para analizar la sana doctrina. En definitiva, la sana doctrina
contenida en la biblia es víctima de factores externos a ella. Por eso cuando
alguien afirma que “somos de sana doctrina” desde cierto punto de vista es
verdad, si un grupo de creyentes hace esa afirmación es verdad en tanto y en
cuanto son poseedores de la biblia, pero sería una arrogancia y necedad
atribuirse la posesión exclusiva de la sana doctrina, ya que en la práctica
todo cristiano en posesión de una biblia tiene en ella la sana doctrina o como
dice el apóstol Pablo “habéis obedecido
de corazón a aquella forma de doctrina a la cual fuisteis entregados”
(Ro. 6:17) De hecho, este texto y otros en realidad van más allá de la simple
posesión material o intelectual de la sana doctrina, el creyente y por
extensión la iglesia es poseedora legitima y genuina de la sana doctrina en
tanto se la asimila en la vida diaria, la sana doctrina se la posee
verdaderamente en tanto la iglesia es su reflejo.
Cuando volvamos a escuchar a alguien afirmar que “somos
iglesias de sana doctrina” o “predicadores de sana doctrina”, debemos responder:
depende. Quienes se arrogan la posesión exclusiva de la sana doctrina sólo
evidencian sus profundas tinieblas espirituales, analfabetismo teológico y una
peligrosa propensión al fanatismo sectario de la peor clase. Estas tres
condiciones son las principales señales de que se está en la condición laodicense
de “un desventurado, miserable, pobre,
ciego y desnudo” (Ap. 3:17) y se arriesgan a ser vomitados por Jesús (Ap.
3:16).
El creyente laodicense es en esencia un corrupto,
mentiroso y esclavo del vicio. Ser desobediente a la sana doctrina, es no estar
en ella. La sana doctrina no es una verdad encarnada en el ser del creyente,
sino solamente un objeto de ostentación. El laodicense es un lector y oyente
superficial de la sana doctrina, debido a sus concupiscencias pervertidas,
sienten “comezón de oír”
interpretaciones caprichosas de las Escrituras para satisfacer su curiosidad y
deseos personales. Sólo tienen interés en aquellos pasajes de las Escrituras
que pueden interpretar como una promesa de paz y seguridad para ellos; pero
descuidan las exigentes demandas de la sana doctrina que penetran profundamente
en el alma humana. Sienten deseo de religión, pero sólo hasta donde no disturbe
la rutina de sus vidas pervertidas.
El versículo 4 declara: “y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas”.
Los que no soportan la sana doctrina eligen voluntariamente su propio destino.
No se fuerza la voluntad de ningún hombre; nadie se pierde porque Dios decrete
su condenación. Pablo está describiendo a los que se resisten a aceptar la
Biblia como su única autoridad y norma para la enseñanza religiosa y la
conducta personal. La sana doctrina no alaba al hombre, al contrario, le
muestra su condición miserable y le revela su suerte ignominiosa a menos que intervenga
la gracia de Dios. La “verdad” o “sana doctrina”, revela la naturaleza de Dios
y su remedio para el pecado. Un reajuste de la vida, una orientación
completamente nueva de sus intereses y metas, en armonía con la verdad,
constituye la única respuesta aceptable del hombre frente a la sana doctrina.
Aun cuando hagan uso de la Biblia, los cristianos
infieles elaboran sus propias teorías doctrinales de acuerdo con sus deseos
personales. Quizá usen términos bíblicos para expresar sus pensamientos, pero
las ideas que presentan están saturadas con el error. Los textos bíblicos
desconectados de su significado original y de su contexto, pueden resultar tan
inseguros para orientar al hombre como las palabras humanas. En definitiva, se
puede alardear de pertenecer a la sana doctrina y ser en realidad un enemigo de
ella, aún con la biblia debajo del brazo y escupiendo fuego (Ap. 3:15)
c)
Tercer
texto en cuestión: “Pero tú habla lo
que está de acuerdo con la sana
doctrina” (Tit. 2:1)
En ésta breve carta, Pablo le da instrucciones a Tito para
su doctrina y su vida, sobre los deberes de los siervos, y en general de todos
los cristianos. Esto es explícitamente contundente, el texto dice “LO QUE ESTÁ DE ACUERDO”, Tito debe
habla o enseñar sólo lo que este en armonía, en concordancia y se ajuste a la
Palabra de Dios, que es, la sana doctrina. Esto es un llamado de atención a
Tito y a todo aquel que por todas las generaciones lean esto, siempre la
iglesia será acosada o víctima de falsos maestros, profetas y anticristos,
ellos no hablan de acuerdo a la sana doctrina, es decir, la poseen, pero con su
boca y su vida la pervierten. Como bien afirmo Pablo en su carta a los Gálatas “un evangelio diferente…No que haya
otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el
evangelio de Cristo” (Gá. 1:6,7) los falsos profetas, apóstoles, maestros
y predicadores usan la sana doctrina para hacerle decir algo distinto a lo que
ella contiene, expresan a las multitudes una suficiente cantidad de verdad,
pero junto a ella introducen razonamientos, conclusiones y sentencias que se corresponden
más bien con sus propios intereses económicos o de manipulación emocional, caprichos
personales y prejuicios religiosos.
Conclusión
Las reflexiones precedentes permiten concluir que la
expresión “sana doctrina” ha sido frecuentemente reducida, dentro de ciertos
círculos religiosos, a una consigna sectaria de auto legitimación espiritual,
desligándola de su verdadero fundamento bíblico y transformándola en un
instrumento de exclusión, manipulación y control. En vez de representar
humildad ante la verdad revelada, muchos la utilizan como un distintivo
elitista para desacreditar, condenar o someter a quienes no comparten sus
estructuras ideológicas o interpretativas.
El análisis bíblico demuestra que la sana doctrina no
consiste en la apropiación exclusiva de un sistema religioso, ni en una supuesta
superioridad espiritual, sino en la fidelidad integral a la Palabra de Dios,
correctamente comprendida y vivida. La verdadera doctrina sana no sólo debe ser
enseñada, sino también reflejada en la conducta, el carácter y la vida práctica
del creyente. Cuando la enseñanza bíblica es utilizada para alimentar el
orgullo, el fanatismo o el dominio psicológico sobre otros, deja de cumplir su
propósito redentor y se convierte en un mecanismo de perversión espiritual.
En este contexto, emerge con fuerza el fenómeno del
analfabetismo teológico, entendido como la incapacidad de interpretar
rectamente las Escrituras (carencia hermenéutica), aun cuando se posea
abundante lenguaje religioso o aparente conocimiento doctrinal. Dicho
analfabetismo produce creyentes vulnerables a interpretaciones caprichosas,
líderes autoritarios y movimientos sectarios que reemplazan la verdad bíblica
por opiniones personales, emociones descontroladas y discursos manipuladores.
La ignorancia teológica, lejos de ser un problema meramente académico, termina generando
profundas deformaciones espirituales y morales.
Asimismo, mi análisis pone en evidencia una preocupante
tendencia hacia la criminalidad espiritual, manifestada en prácticas de
intimidación, difamación, abuso de autoridad y manipulación emocional dentro de
ciertos ambientes religiosos. Cuando la fe es utilizada para esclavizar
conciencias, destruir psicológicamente a las personas o consolidar reinos
personales, se cruza peligrosamente la línea entre el error doctrinal y la
corrupción espiritual. La sana doctrina jamás puede separarse del amor, la
verdad, la humildad y la integridad cristiana.

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