domingo, 8 de febrero de 2026

DISPOSICIÓN SECTARIA




Por:

Profesor Walther G.


Básicamente, la disposición sectaria es la pertinaz resistencia a considerar la posible razonabilidad y veracidad de otro argumento o información. Es un bloqueo mental automático y defensivo, que es en definitiva miedo e inseguridad.

Miedo a darse por enterado de una verdad o realidad que podría en todo caso complicar la reputación, relaciones eclesiásticas y sociales, supondría poner a prueba la honestidad e integridad intelectual, moral, ética y religiosa, sugeriría un replanteamiento incómodo y fastidioso que interrumpiría inoportunamente el confort. Inseguridad por cuanto las propias convicciones evidencian grietas, vacíos, e incoherencias, todas éstas debilidades ignoradas por mucho tiempo. Como aquel antiguo edificio al cual durante años no se le ha realizado una evaluación estructural, hasta que, sometido a prueba por los embates de la naturaleza termina colapsando.

Nadie debería asumir la idea o actitud de que no hay más verdad por ser revelada de la palabra de Dios, nadie pierde nada por reconsiderar o someter a prueba sus propias convicciones, al contrario, la recompensa es inmensa y los beneficios son múltiples. No hacerlo es ignorar un consejo inspirado “Examinadlo todo; retened lo bueno” (1 Tes. 5:21) Éste libre examen no es cualquiera, es uno que se ejecuta con la debida disposición, pues éste texto bíblico dice relación con el sincero buscador de la verdad.

Al someter nuestras convicciones a examen personal podemos llegar a confirmarlas, o si descubrimos en el edificio grietas o existencia de materiales de baja calidad, estamos informados para hacer las correcciones y cambios necesarios, en éste proceso el único bendecido será el mismo investigador y buscador de la verdad que a su vez bendecirá a otros con una verdad mejor definida. Otros descubrirán que el edificio está a punto de colapsar debido a la fatiga de materiales o por graves defectos en su construcción que hacen peligrar la vida de cientos de personas; al advertir estas falencias (unas graves otras leves) no solo evitamos seguir perseverando en curso de acción errado, sino que se nos abre la inmerecida oportunidad de madurar, crecer y elevarnos a alturas sapienciales insospechadas. “…seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios” (Ef. 3:18,19)

¿Pero que son en realidad los cristianos sectarios?

Generalmente no son conscientes ni voluntariamente deshonestos o mentirosos, sino que son inconscientes y voluntariamente ignorantes, ciegos y sordos. Son como un caballo que nunca ha visto otras caballerizas o verdes valles, que desde que nació fue confinado al establo donde duerme, come y al día siguiente es sujetado a las riendas que tiran de una carreta y así hasta que muere.

El sectario no es necesariamente un fanático desalmado, violento y desquiciado, por el contrario, puede ser la más afable y socialmente sana de las personas, puede ser refinado en sus modales y ecuánime, pero fanático al fin, es decir, es otra expresión de fanatismo aún más peligrosa, pues resulta casi imperceptible y suele vestir un manto de honorabilidad.

El “fanatismo” es asociado generalmente a conductas irrazonables, exaltadas y delictivas, pero no es así. El fanático sectario exaltado y vulgar, es fácilmente identificable y hasta condenable pública e incluso jurídicamente. Pero, ¿y que de aquel sectario que es respetado y hasta amado en la comunidad que reside? ¿aquel sectario que goza de reputación y autoridad ética, moral y espiritual? ¿aquel sectario que nada en las tranquilas aguas de su congregación?

Permítaseme decir que éstos sectarios de la paz, de la conformidad y de la tozudez son una piedra de tropiezo para la iglesia de Jesucristo, son barricadas, escombros, murallas de Berlín, perros de hortelano, son obstáculos para ellos mismos y para los demás. Son enemigos del Espíritu Santo de Dios. Reducidos a su limitado y reducido mundillo, como miopes que viven en un agujero, similares a hormigas en sus hormigueros.

La excesiva razonabilidad los intimida, la profundidad y coherencia argumentativa los amedrenta, el don, ministerio y operación del Santo Espíritu es mirado con sospecha, ignorado y rechazado sino viene de su madriguera denominacional, ellos son los Moisés que poseen las tablas escritas con el dedo de Dios, como los judíos de antaño que se jactaban de ser guías de ciegos, luz de los que están en tinieblas, instructor de los indoctos, maestro de niños “¿Tú, pues, que enseñas a otro, ¿no te enseñas a ti mismo?” (Ro. 2:21)

Los sectarios, cada cual defiende su miserable pedazo de terreno, viven a la defensiva, inseguros y llenos de pavor, no vaya a ser que un vecino les enseñe a sus cegatonas y esclavas ovejas que la luna es blanca, cuando ellos les han dicho que es roja. No sea que la más ignorada y pequeña ovejita del rebaño tenga mejor entendimiento de la biblia que ellos, eso supondría que su status espiritual o autoridad eclesiástica estaría en entredicho u apocada. Los sectarios son como pulpos, requieren de muchos brazos para hacerlo todo, si tienen que implantarse más miembros lo harán con tal de mantener el control del pensamiento y las acciones de sus analfabetas congregaciones condenadas a ver la luz del sol sólo cuando el jefe se lo permita y, con gafas oscuras eso sí.

Estos infelices sectarios, argumentan que son ellos quienes deben probar primero la comida antes de permitir que los demás se alimenten, así, si ellos la aprueban entonces los demás están autorizados para comer. El sectario, cual señor de la comarca, hace las veces de “control de calidad” o “aduana espiritual”, con éste estúpido ejercicio de autoridad despótica no hacen más que insultar a la iglesia de Cristo, considerándola un ato de retrasados e inútiles que no tienen la facultad de pensar individualmente, por ende, el sectario piensa y decide por todos auto percibiéndose como mártir, “que pone su vida por las ovejas”. El líder sectario es experto en ejercer coacción psicoemocional, aun con gestos, miradas o sermones.

Éstos miopes vegetan en sus laureles, son conformistas. No se les ocurre otra cosa que vivir mirando la potencial amenaza desde las murallas de su castillo. Su experiencia radica en escaramuzas de poca monta, sectarias e infructuosas. Piensan, si mi prójimo no se adhiere a mi credo pétreo, anulo mis sentidos para no oír, ver, gustar u oler. Y así, se les pasa la vida rechazando invitaciones al humilde razonamiento y discernimiento. ¿Razonan? Sí, pero sobre la tenebrosa plataforma del prejuicio, desconfianza y el sectarismo confesional, características bíblicas del hipócrita y asesino sectarismo judaico.

La poca disposición al diálogo o al aprendizaje es en realidad hipocresía, un autoengaño. La conciencia acusa la mediocridad y carencia que el sectario apacigua con acciones externas de tolerancia y apertura. Todo dialogo entre sectarios es mentiroso, las partes dialogan desde el principio aferrados como moluscos a sus preconceptos, cerrados como ostiones. Dialogo de sordos.

Como todo pusilánime siempre estará preparado para ponerse del lado más conveniente, menos engorroso y comprometedor, en este caso, el sectario no es más que un consciente y voluntario deshonesto.

“Nosotros somos de Dios; el que conoce a Dios, nos oye; el que no es de Dios, no nos oye. En esto conocemos el espíritu de verdad y el espíritu de error” (1 Juan 4:6)




jueves, 15 de enero de 2026

MALTRATADOS Y MALTRATADORES

 





Por:

Profesor WALTHER G.


He llegado a la conclusión, que no existe animal más detestable que el perro. No que lo sean en sí, sino que son vueltos detestables por el proceder de sus bestiales, estúpidos y homínidos amos.

Nunca he sido un arrebatado amante de los animales, sin embargo, los reconozco como creaturas nobles e inferiores, creadas por Dios para admiración, alegría e incluso grata compañía. Todas las bestias sin razón, criaturas sencillas e instintivas fueron creadas para existir en armonía entre ellas y en relación con el hombre, sin embargo, desde la desafortunada caída del primer Adán, todo ese orden y propósito fue alterado, toda conducta se vio afectada, al punto que los seres humanos comenzaron a usar como alimento a muchos de éstos seres vivos.

Todas las bestias fueron creadas originalmente para nuestro servicio, en el más amplio y noble de los sentidos, no existen para ser maltratados y menos para considerarlos parte de nuestra gastronomía. Hoy, toda genuina sensibilidad se ha perdido y ha sido reemplazada por una falsa.

Vivimos en las vísperas del fin de todas las cosas ¿Cómo lo sé? Por lo que veo a mi alrededor, una sociedad voluble, permeable y adoctrinable, con espíritu de rebaño. Éstas últimas generaciones son las más poco razonables que han pisado la tierra.

Siempre ha habido y habrá personas que piensan, hablan y actúan irracionalmente, y sus conductas se rebajan al nivel de la animalidad, en efecto, por el casi nulo uso de lo único que los diferencia de los animales, llegan a imitar o superar la bestialidad natural de aquellos, es decir, seres humanos no animales, pero animalizados.

También siempre ha habido personas malignas y egoístas, siempre las habrá, en su maldad y crueldad echan mano de los más débiles en la cadena de la creación animal, algunos violan sexualmente animales, otros los explotan hasta la muerte, otros se los sirven en un plato y otros anormalmente los elevan al nivel de seres humanos, los humanizan, esto creo yo, es la última y máxima expresión de imbecilidad y abuso contra otro ser vivo. Pero quienes están bajo el hechizo de la locura buenista disfrazada de sensibilidad humana o en clave posmarxista se diría “conciencia social” no son más que ridículos que creen poseer una superioridad moral, que no es más que carencia o limitación de la objetiva y necesaria racionalidad que los priva de la genuina humanidad. Éstos Australopithecus contemporáneos creen que, por pertenecer a una nueva generación, la generación de las tecnologías, comprenden e interpretan con más profundidad y amplitud los tiempos, su supuesta empatía, solidaridad y amor son un triste engaño, sus ínfulas de superioridad descansan sobre la híper emocionalidad sesgada; la histeria y ofuscación que exhiben frente a supuestas injusticias y falta de conciencia de otros no son más que arrebatos propios de desquiciados que les encanta vivir encapsulados, la realidad objetiva los descompone, son débiles, miserables e idiotas, insisten en que el mundo debe amoldarse a ellos.

Éstas pobres almas animalizadas por la idiotez buenista, que no es más que la supresión voluntaria del correcto uso de la razón y la constante actitud de evitar por todos los medios la verdad, los incapacita para enfrentar éste mundo maldito y cruel. No son ni serán jamás un aporte sustancial al pensamiento humano, sólo se limitarán a ser plumas arrastradas por la brisa, gusanos de tierra, asnos encerrados en un establo, desechos que terminan en las profundidades del mar.

Hay situaciones que, para mí, son objetivas y claras como pensador y escritor, y es que a la hora de desplegar todas mis capacidades intelectuales requiero de total tranquilidad, pues una mente como la mía, adiestrada en ciertas y buenas letras, además de experiencias espirituales excepcionales necesita de las condiciones óptimas para reflexionar por otros, es decir, dedicarme a lo que la generalidad no se aplica. Y es en éste proceso donde ciertos elementos conspiran para obstaculizar mi trabajo, entre ellos los inoportunos perros. En efecto, me ha tocado la desgracia de vivir en ésta última generación de híper sensibles y fanáticos, sí, me refiero a una de esas nuevas enfermedades mentales que han surgido tan vertiginosamente entre los Australopithecus contemporáneos y que se ha consolidado como pandemia socialmente normalizada, me refiero a esa cruel y enferma expresión de abuso animal llamada animalismo, pues si antes esto era digno de merecer unas buenas vacaciones en un psiquiátrico hoy son merecedores de reconocimiento mediático especialmente por los más idiotas de la sociedad, la juventud progre-woke.

Los adultos que hacen el ridículo pensando que deben ser amigos de sus hijos y hasta se obsesionan por volver a ser jóvenes, son otros idiotas que se han circuncidado mentalmente para estar acorde con los tiempos, reniegan de tradiciones, valores y hasta del sentido común con tal de estar a tono con los tiempos.

Descritas las cosas así, constato que vivo rodeado de inadaptados, que por su idiotez adquirida (que se corresponde con los tiempos), manifiestan su animalidad en un sinnúmero de detalles que van sumando hasta volverse hegemónicos.

Es el caso de los abusadores y esclavistas de animales que los crían encerrados en departamentos, o en casas sin los espacios adecuados para que las bestias domesticas tengan una actividad física saludable. Éstos humanos que actúan como animales sin razón calman su conciencia egoísta sacándolos con una correa a la calle por treinta minutos. Otro ejemplo típico de maltratador egoísta es quien quiere hacer realidad en su vida el tener de mascota un perro de raza grande, pero que no cuenta con las condiciones para tenerlo y mantenerlo, éste infeliz se da el gusto de todas maneras y así somete a la bestia inocente como rehén de sus caprichos, éstos son como los sodomitas, que para cumplir sus fetiches paternalistas adoptan bebés para jugar a ser padres. Luego están los que mentalmente han pasado a otro nivel de degradación cognitiva, los que entablan un dialogo con la mascota, figurándose en su mente perdida que son humanos, esperando alguna especie de comunicación “especial” y “única” entre bestia y humano, éstos estúpidos literalmente consideran a la mascota como hijos o “parte de la familia”; hay quienes someten a las bestias a toda una rutina propia de humanos, llevándolos en coche, proporcionándoles las mismas comodidades que goza una persona humana, cargándoles en brazos cual bebe humano, etc., lo paradójico de esto es que toda una industria publicitaria y de prestación de servicios alimenta ésta locura esquizoide. Éstas mentes trastocadas, supuestamente amante de los animales, son desanimalizadores, rebajan al animal a la condición de un simple juguete.

Día a día sufro por las consecuencias de ésta enfermedad mental animalista, sobre todo quienes vivimos aun en ciudades, donde es característico que las casas estén pegadas una a la otra y que es una forma inhumana de vida. Hoy es moda, cada vez más casas y departamentos tienen secuestrado y hacinado algún animal, hay bestias humanas que hasta crían lagartos, cabras, monos en reducidos espacios. En este contexto, los perros especialmente me resultan tediosos e insoportables, pues a toda hora están constantemente ladrando, ladridos fuertes y cerca, otros lejos y constantes, en cada patio o ante jardín de una casa el estrés y el encierro torturan a esos infelices animales, y así por docenas alrededor de donde vivo. Son incontables las ideas difuminadas, las palabras olvidadas por causa de algún martillador ladrido. La concentración me resulta imposible ¿No deberían estos crueles carceleros de perros razonar un poco? Y preguntarse: ¿habrán bebés o trabajadores intentando conciliar el sueño, quizás enfermos que necesitan paz, excepcionalidades y voces pensantes que leen o escriben? Dudo que tengan éstas consideraciones, pues éste tipo de personas habituadas a los ladridos, chácharas, música a alto volumen y todo tipo de ruidos domésticos no son ni aspiran a tener un espíritu elevado. Éstos homínidos no se terminan de enterar que el daño que sus locuras provocan se hacen extensivas a otros congéneres

Reconozco también que con ciertas excepciones es necesario y beneficioso criar ciertos animales en cautiverio con los debidos y responsables esfuerzos por darles la mejor existencia. Es el caso de personas con limitaciones físicas, o en condiciones de terapia y rehabilitación. También en el caso de personas solas, ancianos especialmente. También hay casos en que la compañía de animales ha resultado en contención y refugio emocional. Estas situaciones son absolutamente racionales, coherentes con la realidad y necesidades humanas extremas.

Mis invectivas van dirigidas al fenómeno absurdo, despiadado e hipócrita del animalismo, que es un hechizo bajo el cual están sólo las mentes débiles, cada enfermo de animalismo se autopercibe como alguien que ha tomado conciencia sobre la protección o “derechos de los animales” y por ende se jacta de poseer cierta superioridad ante el resto, cuando en realidad es un individuo que percibe la realidad en términos de emociones, sensibilidades e instintos, es un confundido, negador de la realidad objetiva, cobarde que rehúye la evidencia, un ensimismado en su pequeño mundo egoísta de baja razonabilidad. Un idiota que ignora el orden y el propósito de la creación. Un esclavo ciego.

Insto a todo humano pensante a no encerrar en sus hogares a ningún animal, especialmente perros, a no ser sea extremadamente necesario y útil. Amemos a los animales, pero no más allá de lo razonable.





jueves, 8 de enero de 2026

CONFINADO EN ESTE MUNDO

 



Por:

Profesor Walther G.


Hasta ahora he conocido sólo un mundo, he llegado a existir en éste mundo, no conozco otros. Creo que hay más mundos ¿Por qué no nací en otro mundo no caído y bendito? Sin embargo, puedo decir con convicción y experiencia y sin haber conocido los otros mundos, que éste mundo es el más repugnante de todos, no puede haber otro peor, no lo puedo concebir. Y lo más inquietante es que no me puedo fugar de él, pues, aunque me subiese a una nave espacial y ascendiese hasta llegar a la Luna, Marte o quizás Plutón, no tengo ninguna posibilidad de vivir y sobrevivir allí. O sea, estoy absolutamente confinado a ésta tierra que ha sido nuevamente desordenada, vaciada y viciada.

Todo es efímero, temporal, circunstancial, cada vez menos individuos y sus hechos son verdaderos. Lo ilógico e irracional se disfraza de contemporaneidad y se vuelve cotidianidad, eso me induce a mirar, oír y hacer todo a la defensiva, con suspicacia y hasta coaccionado psicosocialmente. Existir así es un tedio.

Una mezcla de hipocresía y egoísmo son los ingredientes mínimos para una aceptable vida social en este mundo ¿Quiénes están dispuestos a seguir ese ritmo de vida? La mayoría, por cierto, pero esa mayoría, esa homínida generalidad se rinde a esta vorágine manipuladora y esclavizadora que hipnotiza hasta el punto de aceptar la maldición como la normalidad, y hasta algunos con astigmatismo neuronal dicen: “la vida es bella, el mundo es hermoso”, eso sólo podría decirlo un enamorado que nada en las nubes de su voluptuosidad o un miope ensimismado que también es una especie de enamorado pero que sólo tiene ojos para mirar su propio ombligo.

Quien no ha vivido y visto lo suficiente, quien no ha leído o escrito lo suficiente, quien no ha llorado y soportado lo suficiente de seguro su lugar está en la humana generalidad, y a éste grupo que no se puede ni contar, pertenecen primeramente los adolescentes y muchísimos adultos, casi todos ellos unos homínidos, son los Australopithecus contemporáneos quienes se excitan con éste mundo, viven en conformidad bajo los lineamientos que la maldición les ofrece, ellos la justifican y santifican, es más, ellos la azuzan y vitalizan con su complicidad, la maldición los mata, los enferma, los engaña, los sodomiza mental y físicamente y sin embargo siguen repitiendo como los loros amaestrados “la vida es tan linda”, no ven otro mundo mejor que no sea este abismo llamado planeta tierra.

Mientras deambule por este mundo no dejaré de observar y asombrarme. Mi radio de acción es limitado, como dije antes, no puedo salir de este mundo, por ende, debo sortear obstáculos, resistir la opresión y armarme de valor para existir como héroe-mártir-excepcional y no como la humana generalidad pretende amoldarme, me resisto a permanecer en este estercolero terrenal fingiendo que “no todo es malo” reafirmo que sí, todo está bajo maldición.

En realidad, el autor de estas palabras es mi conciencia hastiada, pero no rendida. Como todo héroe debo enfrentarme con fuerzas infinitamente más poderosas y numerosas, sin embargo, la debilidad de estas fuerzas radica en la mentalidad de rebaño, la confianza en lo inmanente y el desprecio por lo trascendente, por el contrario, mi fortaleza radica en la individualidad empática e inmanente y la invencible esperanza en lo trascendente.

He nacido en este mundo, sin embargo, lo aborrezco, lo desprecio y lo combatiré con parresía y excepcionalidad redentiva. Excepcionalidad innata y adquirida desde lo alto, he aquí la esencia de mi individualidad indómita que es al fin y al cabo una actitud distintiva frente al mundo, actitud que guía y conforta o también intimida y quema.

Sé que conoceré otros mundos, me reencontrare y bailaré con almas luminosas que amé. De la mano de ellas entraré a Orión, la recorreremos por la eternidad sin fin hasta sus mayores profundidades, la luminosidad y sus dimensiones nos dejaran extasiados. Volveré a tocar y besar las mejillas de muchos, y ellos me amaran por siempre sin fin. ¡Oh! sí creo en otros mundos no caídos, mundos benditos.

¿Por qué también no pensar en éste mundo maldito recreado para bendición? ¿es eso posible? Yo lo creo. Éste es un mundo que odio, pero podría amar. Entre tanto eso sucede, debo manifestar mi aversión a este mundo al tiempo que sugiero abrigar la esperanza en uno nuevo.

Ciertamente no deseo vivir en este mundo, es una existencia asfixiante, pero, aunque desgraciado soy, no perderé el tiempo, me empeñare en resarcirlo, reconstruir mi historicidad y forjar mi inmortalidad procurando una existencia inteligente y combativa. Estoy en este mundo, pero no soy de él. Me empeñaré en diezmar las filas de la homínida generalidad.

Hasta aquí llego, no quiero pintar más este cuadro por el momento…