Por:
Profesor Walther G.
Hasta ahora he conocido sólo un mundo, he llegado a
existir en éste mundo, no conozco otros. Creo que hay más mundos ¿Por qué no
nací en otro mundo no caído y bendito? Sin embargo, puedo decir con convicción
y experiencia y sin haber conocido los otros mundos, que éste mundo es el más
repugnante de todos, no puede haber otro peor, no lo puedo concebir. Y lo más
inquietante es que no me puedo fugar de él, pues, aunque me subiese a una nave
espacial y ascendiese hasta llegar a la Luna, Marte o quizás Plutón, no tengo
ninguna posibilidad de vivir y sobrevivir allí. O sea, estoy absolutamente
confinado a ésta tierra que ha sido nuevamente desordenada, vaciada y viciada.
Todo es efímero, temporal, circunstancial, cada vez menos
individuos y sus hechos son verdaderos. Lo ilógico e irracional se disfraza de
contemporaneidad y se vuelve cotidianidad, eso me induce a mirar, oír y hacer
todo a la defensiva, con suspicacia y hasta coaccionado psicosocialmente.
Existir así es un tedio.
Una mezcla de hipocresía y egoísmo son los ingredientes
mínimos para una aceptable vida social en este mundo ¿Quiénes están dispuestos
a seguir ese ritmo de vida? La mayoría, por cierto, pero esa mayoría, esa
homínida generalidad se rinde a esta vorágine manipuladora y esclavizadora que
hipnotiza hasta el punto de aceptar la maldición como la normalidad, y hasta
algunos con astigmatismo neuronal dicen: “la vida es bella, el mundo es
hermoso”, eso sólo podría decirlo un enamorado que nada en las nubes de su
voluptuosidad o un miope ensimismado que también es una especie de enamorado pero
que sólo tiene ojos para mirar su propio ombligo.
Quien no ha vivido y visto lo suficiente, quien no ha
leído o escrito lo suficiente, quien no ha llorado y soportado lo suficiente de
seguro su lugar está en la humana generalidad, y a éste grupo que no se puede
ni contar, pertenecen primeramente los adolescentes y muchísimos adultos, casi todos
ellos unos homínidos, son los Australopithecus
contemporáneos quienes se excitan con éste mundo, viven en conformidad bajo
los lineamientos que la maldición les ofrece, ellos la justifican y santifican,
es más, ellos la azuzan y vitalizan con su complicidad, la maldición los mata,
los enferma, los engaña, los sodomiza mental y físicamente y sin embargo siguen
repitiendo como los loros amaestrados “la vida es tan linda”, no ven otro mundo
mejor que no sea este abismo llamado planeta tierra.
Mientras deambule por este mundo no dejaré de observar y
asombrarme. Mi radio de acción es limitado, como dije antes, no puedo salir de
este mundo, por ende, debo sortear obstáculos, resistir la opresión y armarme
de valor para existir como héroe-mártir-excepcional y no como la humana
generalidad pretende amoldarme, me resisto a permanecer en este estercolero
terrenal fingiendo que “no todo es malo” reafirmo que sí, todo está bajo
maldición.
En realidad, el autor de estas palabras es mi conciencia hastiada,
pero no rendida. Como todo héroe debo enfrentarme con fuerzas infinitamente más
poderosas y numerosas, sin embargo, la debilidad de estas fuerzas radica en la
mentalidad de rebaño, la confianza en lo inmanente y el desprecio por lo
trascendente, por el contrario, mi fortaleza radica en la individualidad empática
e inmanente y la invencible esperanza en lo trascendente.
He nacido en este mundo, sin embargo, lo aborrezco, lo
desprecio y lo combatiré con parresía y excepcionalidad redentiva.
Excepcionalidad innata y adquirida desde lo alto, he aquí la esencia de mi
individualidad indómita que es al fin y al cabo una actitud distintiva frente
al mundo, actitud que guía y conforta o también intimida y quema.
Sé que conoceré otros mundos, me reencontrare y bailaré
con almas luminosas que amé. De la mano de ellas entraré a Orión, la
recorreremos por la eternidad sin fin hasta sus mayores profundidades, la
luminosidad y sus dimensiones nos dejaran extasiados. Volveré a tocar y besar
las mejillas de muchos, y ellos me amaran por siempre sin fin. ¡Oh! sí creo en
otros mundos no caídos, mundos benditos.
¿Por qué también no pensar en éste mundo maldito recreado
para bendición? ¿es eso posible? Yo lo creo. Éste es un mundo que odio, pero
podría amar. Entre tanto eso sucede, debo manifestar mi aversión a este mundo
al tiempo que sugiero abrigar la esperanza en uno nuevo.
Ciertamente no deseo vivir en este mundo, es una
existencia asfixiante, pero, aunque desgraciado soy, no perderé el tiempo, me empeñare
en resarcirlo, reconstruir mi historicidad y forjar mi inmortalidad procurando
una existencia inteligente y combativa. Estoy en este mundo, pero no soy de él.
Me empeñaré en diezmar las filas de la homínida generalidad.
Hasta aquí llego, no quiero pintar más este cuadro por el
momento…

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