jueves, 8 de enero de 2026

CONFINADO EN ESTE MUNDO

 



Por:

Profesor Walther G.


Hasta ahora he conocido sólo un mundo, he llegado a existir en éste mundo, no conozco otros. Creo que hay más mundos ¿Por qué no nací en otro mundo no caído y bendito? Sin embargo, puedo decir con convicción y experiencia y sin haber conocido los otros mundos, que éste mundo es el más repugnante de todos, no puede haber otro peor, no lo puedo concebir. Y lo más inquietante es que no me puedo fugar de él, pues, aunque me subiese a una nave espacial y ascendiese hasta llegar a la Luna, Marte o quizás Plutón, no tengo ninguna posibilidad de vivir y sobrevivir allí. O sea, estoy absolutamente confinado a ésta tierra que ha sido nuevamente desordenada, vaciada y viciada.

Todo es efímero, temporal, circunstancial, cada vez menos individuos y sus hechos son verdaderos. Lo ilógico e irracional se disfraza de contemporaneidad y se vuelve cotidianidad, eso me induce a mirar, oír y hacer todo a la defensiva, con suspicacia y hasta coaccionado psicosocialmente. Existir así es un tedio.

Una mezcla de hipocresía y egoísmo son los ingredientes mínimos para una aceptable vida social en este mundo ¿Quiénes están dispuestos a seguir ese ritmo de vida? La mayoría, por cierto, pero esa mayoría, esa homínida generalidad se rinde a esta vorágine manipuladora y esclavizadora que hipnotiza hasta el punto de aceptar la maldición como la normalidad, y hasta algunos con astigmatismo neuronal dicen: “la vida es bella, el mundo es hermoso”, eso sólo podría decirlo un enamorado que nada en las nubes de su voluptuosidad o un miope ensimismado que también es una especie de enamorado pero que sólo tiene ojos para mirar su propio ombligo.

Quien no ha vivido y visto lo suficiente, quien no ha leído o escrito lo suficiente, quien no ha llorado y soportado lo suficiente de seguro su lugar está en la humana generalidad, y a éste grupo que no se puede ni contar, pertenecen primeramente los adolescentes y muchísimos adultos, casi todos ellos unos homínidos, son los Australopithecus contemporáneos quienes se excitan con éste mundo, viven en conformidad bajo los lineamientos que la maldición les ofrece, ellos la justifican y santifican, es más, ellos la azuzan y vitalizan con su complicidad, la maldición los mata, los enferma, los engaña, los sodomiza mental y físicamente y sin embargo siguen repitiendo como los loros amaestrados “la vida es tan linda”, no ven otro mundo mejor que no sea este abismo llamado planeta tierra.

Mientras deambule por este mundo no dejaré de observar y asombrarme. Mi radio de acción es limitado, como dije antes, no puedo salir de este mundo, por ende, debo sortear obstáculos, resistir la opresión y armarme de valor para existir como héroe-mártir-excepcional y no como la humana generalidad pretende amoldarme, me resisto a permanecer en este estercolero terrenal fingiendo que “no todo es malo” reafirmo que sí, todo está bajo maldición.

En realidad, el autor de estas palabras es mi conciencia hastiada, pero no rendida. Como todo héroe debo enfrentarme con fuerzas infinitamente más poderosas y numerosas, sin embargo, la debilidad de estas fuerzas radica en la mentalidad de rebaño, la confianza en lo inmanente y el desprecio por lo trascendente, por el contrario, mi fortaleza radica en la individualidad empática e inmanente y la invencible esperanza en lo trascendente.

He nacido en este mundo, sin embargo, lo aborrezco, lo desprecio y lo combatiré con parresía y excepcionalidad redentiva. Excepcionalidad innata y adquirida desde lo alto, he aquí la esencia de mi individualidad indómita que es al fin y al cabo una actitud distintiva frente al mundo, actitud que guía y conforta o también intimida y quema.

Sé que conoceré otros mundos, me reencontrare y bailaré con almas luminosas que amé. De la mano de ellas entraré a Orión, la recorreremos por la eternidad sin fin hasta sus mayores profundidades, la luminosidad y sus dimensiones nos dejaran extasiados. Volveré a tocar y besar las mejillas de muchos, y ellos me amaran por siempre sin fin. ¡Oh! sí creo en otros mundos no caídos, mundos benditos.

¿Por qué también no pensar en éste mundo maldito recreado para bendición? ¿es eso posible? Yo lo creo. Éste es un mundo que odio, pero podría amar. Entre tanto eso sucede, debo manifestar mi aversión a este mundo al tiempo que sugiero abrigar la esperanza en uno nuevo.

Ciertamente no deseo vivir en este mundo, es una existencia asfixiante, pero, aunque desgraciado soy, no perderé el tiempo, me empeñare en resarcirlo, reconstruir mi historicidad y forjar mi inmortalidad procurando una existencia inteligente y combativa. Estoy en este mundo, pero no soy de él. Me empeñaré en diezmar las filas de la homínida generalidad.

Hasta aquí llego, no quiero pintar más este cuadro por el momento…




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