Por
Profesor WALTHER G.
No escribo desde la orfandad existencial, pues soy
veterano de guerras, de guerras espirituales sin final, no me victimizo ni me
quejo, pero escribo porque es mi deber como héroe y veterano excepcional,
plenamente consciente de mis aspiraciones trascendentales.
Abrigo la infantil fe de que lo que escribo será leído
primeramente por quienes amo, especialmente los más jóvenes, luego leído por la
gran masa de hermosas almas pensantes, respecto a la profana generalidad sólo
albergo una diminuta y diluida esperanza.
Siendo las 5:12 de la madrugada de un 13 de Julio de 2025
y movido por un impulso y ansiedad irresistible es que me levanto de un salto
de la cama para plasmar estas palabras antes que se difuminen. Sin duda es la
inoportuna motivación de Faustina
Dorothea, que después de algunos meses vuelve a ejercer presión sobre mi
conciencia. Ojo, si ella se ha hecho nuevamente presente, me lo debo tomar en
serio.
Es después de muchos años que nuevamente han vuelto a
presentarse en mí, ciertas experiencias (¿sobrenaturales o naturales?) que me dejan perturbado al punto de provocar
una nueva inflexión en mi Ser, que derivan siempre en un cambio radical de
conducta, la mayoría de las veces una vuelta a lo coherente y sensato. Una
revitalización de las ideas relacionadas con la muerte, la existencia, el
tiempo y el porvenir, una llamada de atención desde el sector más abismal de mi
conciencia.
¿Cómo interpretar algunos acontecimientos cotidianos? ¿Un
salvavidas? Es decir, una cadena de hechos que terminan indicando o confirmando
un nuevo proceder o reiniciando alguno que ha perdido su vitalidad. Por un
lado, será ¿la divina providencia dejándose entender o interpretar? ¿injerencia
extrema de la Divinidad misericordiosa? En todo caso, discierno una guerra
espiritual en ciernes, que cada cierto periodo extenso de tiempo reanuda sus
hostilidades, teniendo como teatro de operaciones mi propio cuerpo.
En mi caso, ésta guerra se va gestando desde mi propia negligencia, por descuidar los muros de protección, no redoblar la guardia en la entrada, ni abastecer a tiempo al ejército, como resultado de esto, se han reanudado las intentonas de asedio.
Cuando digo que el “teatro de operaciones” es mi propio
cuerpo, estoy hablando de mi inconsciente, es ahí donde fuerzas antagónicas
inician las primeras escaramuzas, y es mediante experiencias oníricas que se
extienden hasta los mismos lindes del estado de cuasi conciencia.
Sin lugar a dudas que los sueños y pesadillas son un
conducto recurrente en la gran guerra espiritual por las almas, y en mi caso,
esto cobra suma importancia por haber entrado a temprana edad en los oscuros negocios
del Abadón. Fuerzas poderosas se
enfrentan en el plano de mi inconciencia, y por ende soy volitivamente
impotente e inútil. Éstas fuerzas espirituales antagónicas, como dos púgiles
que chocan sus guantes en medio de un cuadrilátero y luego desplazándose
terminan trenzados a golpes en una esquina o contra las cuerdas, así éstas
fuerzas en el fragor del combate terminan en alguna esquina de mi cuasi conciencia, al punto que en algún
momento ya no puedo determinar si el campo de batalla se ha movido más allá de
los límites que significan las cuerdas.
Esto me resulta en extremo aterrador, pues soy testigo de
fenómenos oníricos extraordinarios que me perturban por semanas, al punto que
debo iniciar en algún momento del día un monologo con mi conciencia, esto es,
caminar de aquí para allá repasando el sueño o pesadilla, recordando cada
escena y reflexionando sobre la trascendencia o intrascendencia que esto
implicaría.
No descarto que un sueño o pesadilla sea el resultado de
alguna fuerte preocupación que con antelación ha embargado mi ánimo, y sumado a
esto, un descuido personal en el terreno espiritual, si es así, no he más que
allanado el terreno para un nuevo gran conflicto personal, en dicho caso sería
pertinente un dialogo creyente al más
alto nivel. Otra posibilidad que no descarto del todo es la condenada presencia
de la nube negra.
Fue el 13 de Julio de 2025 cuando un lúgubre y confuso
sueño comenzó a gestarse en mi cavidad craneana, sueño que paulatinamente
maduró en pesadilla e insolentemente y sin respeto asomó su nariz en mi cuasi conciencia. Y como soy incapaz de
experimentar sueños dóciles y esperanzadores, he aquí un nuevo sueño estúpido y
macabro que la psiquis bajo presión, los mercenarios de Abadón o la nube negra
tuvieron bien incrustar en mí una vez más.
No puedo determinar precisamente el origen, más bien
intento consolidar mis sospechas, y legar mis reflexiones a la posteridad
humana pensante. Los resultados de las meditaciones a las que me someto más
bien tienden a estar determinadas por los efectos objetivos que cada guerra
produce. Toma de decisiones, radicalización de las inflexiones del Ser, compromiso con la búsqueda del esplendor del Ser, renovación y
reafirmación respecto a compromisos descuidados, indiferencia hacia la homínida
generalidad, profundización en la propia cosmovisión que tengo del mundo y de
mi espiritualidad, reajustes conductuales severos, reconsideraciones personales
en tanto Ser-humano excepcional, profundas consideraciones en torno a mi
historicidad real y memorial.
Situaciones apremiantes y decadentes, lastimosas en
extremo, invalidez e impotencia. Escenas inestables y controvertidas.
Encontrarme de pronto sólo y obligado a ser un actor más del mismo miserable
mundo al que pertenezco, nada es nítido, no hay certezas ni seguridad, no hay
colores ni matices, la trama trascurre monocromáticamente para mi desazón. Según
las profundidades a las que descienda, la cantidad de entidades involucradas y
la mala digestión que vomiten sobre mí o la putrefacción de la mierda con la
que decidan embardunarme dependerán mis posteriores reacciones ya en mi estado
de plena conciencia.
Una joven niña que camina solitaria y vulnerable, ella no
los sabe, pero yo sí lo sé. La sigo de cerca y no se percata, miro su figura
juvenil y libre. Observo que camina calle abajo, deteniéndose en pequeñas
tiendas de barrio, su ropa muy sencilla me conmueve, estoy a metros de ella. De
pronto la escena cambia y ella desnuda continúa su recorrido, ella no lo sabe,
pero yo si lo sé. Me acerco a ella para cubrirla, mis ojos se espantan, mi
preocupación aumenta a lo sumo, por más que avanzo no la alcanzo, miro sus
piernas y veo cicatrices, ella ignora mi presencia y mi angustia.
Por algún motivo que escapa a mi voluntad entré en estado
de cuasi conciencia, mis ojos entre
abiertos recibieron algo de la molesta luz ambiente, mi audición comenzó a
transitar hacia la realidad, y la maldita escena comenzó a expulsarme con
tozudez, con desesperación, luchaba por quitarme de la escena, hasta que cada
tiniebla que rodeaba ese teatro de decadencia se evaporó. De pronto ya más
cerca aún de mi conciencia, y habiendo desaparecido totalmente aquel
perturbador sueño, escucho una voz fuerte e ininteligible, era la voz de
aquella niña, en tono insistente y desesperado logró escapar del sueño y llegar
hasta el terreno mismo de la conciencia para hacer más comprensible su voz,
preste atención, y por fin logre atender sus palabras, eran llamados de auxilio
¡padre! ¡padre! ¡Ayúdame! ¡papá ayúdame!
Una voz fuerte y clara venida desde del sueño, se hizo
claramente presente fuera de él, mis ojos ya terminándose de abrir y los oídos
ya habiéndose integrado plenamente a la realidad, aún podían escuchar la voz
clara y nítida, para luego pasados algunos segundos comenzar su lenta
extinción.
Un pedazo de sueño se rebeló, una niña luchó por salir y
hacerse oír. Su voz nunca más volvió al sueño, escapó, voló para hacer de mi corazón
su habitación. Hoy, un excepcional trozo de ese repugnante sueño es libre y
puro para nunca más gritar con desesperación.
Luego, pasado unos meses continúo meditativo. Al
habérseme expulsado del sueño, la niña debió darse cuenta que era seguida y
observada, me reconoció, y corrió tras mí, lucho por alcanzarme mientras me
alejaba de la escena sombría, en su propósito venció todos los límites oníricos
hasta llegar hasta mí.
A partir de entonces he revitalizado la práctica del dialogo creyente, reafirmando mi compromiso
laboral con la reflexión, la escritura y la educación, no exento de debilidades
y tentaciones, pero debo decir que el fruto está mucho más maduro. Soy un héroe
que vivo en la excepcionalidad, decidido a ser un eslabón en la actual y última
guerra espiritual.

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