Por
Profesor WALTHER G.
Quienes transitan por la senda de la excepcionalidad, no
escatiman esfuerzos por mantener y reafirmar ésta privilegiada experiencia.
Esto se da siempre luego de una intensa ilustración, observación del entorno
inmediato que constata la involución social y la vertiginosa destrucción del ser-humano
tecnofagocitado, idiotizado y
animalizado.
En efecto, la ilustración individual es la clave para la
excepcionalidad existencial. Constituye un proceso evolutivo que nace a partir
de una o más inquietudes personales que nos inducen a mirar más allá del propio
ombligo. La senda de la excepcionalidad existencial esta cimentada por la
información ¿Qué clase de información? Información sobre lo profano y lo Divino,
lo inmanente y trascedente, todo lo razonable y civilizado, todo cuanto nos
hace humanos y no bestias. Toda expresión de la inteligencia humana pasada y
presente no debe pasar desapercibida para un Ser pensante y reflexivo.
Al estar debida y contantemente ilustrado desarrollaremos
las herramientas necesarias para nutrir y ampliar nuestra cosmovisión,
calibraremos el sentido común e incluso el discernimiento general para descubrir
que no siempre lo masificado tiene sentido ni es la verdad. El entorno y su
aparente realidad serán observadas con minuciosa y critica mirada.
Al contrario de lo que algunos podrían suponer, la senda
hacia la excepcionalidad no implica necesariamente suficiencia propia, orgullo
o soberbia, más bien debe entenderse a la luz de un resultado natural y obvio
en todo aquel que es lúcido y consiente de las ventajas que por creación
poseemos, desde éste punto de vista somos privilegiados y bendecidos ¡oh, seres humanos, corolario de la
creación!
La senda ascendente hacia la excepcionalidad del humano
pensante, está marcada por el sabio y valiente uso de la voluntad individual,
es decir, no considerara en lo más mínimo algo así como la voluntad general o
la opinión de las mayorías, esta le son indiferentes y hasta despreciables. La
voz pensante e ilustrada ignora y aborrece al idiota posmoderno con sus multivisiones y posverdades. El alma excepcional debe observar y escuchar con
sospecha a éstas masas, y una vez corroborada la condición homínida de éstas, no
invertir ni un segundo más en prestarles atención, cada instante invertido en
ellos es tiempo restado a mis propósitos evolutivos, ni siquiera se debe
considerar contar con su compañía, al contrario, debemos cortar vínculos y
escapar tan pronto sea posible de sus inerciales y absurdos entornos. En
tiempos de idiotismo generalizado, la asociabilidad resulta en tabla de
salvación.
Nuestras relaciones sociales, deben más bien ser presencia social observadora, es decir
ante el inevitable contacto con la generalidad homínida, obtenerse de relaciones
sociales de confianza, cercanas e íntimas, mantenerlas sólo en su sentido
utilitario. Las relaciones sociales epidérmicas nos mantendrán seguros,
conservaremos nuestro estatus de observadores presenciales del entorno aún si
para esto debamos ocasionalmente estrechar la mano de alguien o sostener algún
breve dialogo.
La meta suprema del alma excepcional considerará para sí
mismo una vida heroica. Para ello, debe reconsiderar con urgencia y
determinación su actual actitud para con su existencia humana, es decir, su
sentido. Esto se traduce en lo que he tenido bien llamar la individualidad empática. La
excepcionalidad implica una decidida y osada individualidad, pero esta no es
egoísta, ni sorda o muda, sino empática, más no cómplice. Jamás debemos ceder parte
de nuestra individualidad so pretexto de ser empático, esto equivaldría a
perder o traicionar la excepcionalidad. En todo caso, el ente objeto de mi
empatía debe sobrentender que no puedo ni debo ni seré jamás él. Seremos
siempre héroes y referentes para el Australopithecus
contemporáneo, he aquí el verdadero propósito de nuestra individualidad empática.
El alma excepcional nunca se hace parte con los tumultos
desenfrenados, ni se cuenta entre las masas moldeables y dirigidas. Nunca
invierte tiempo en conversaciones superficiales y estériles. Huye del sin
sentido, lo absurdo, lo irracional y caprichoso, es en toda circunstancia una presencia social observadora, más no un
activo engranaje de relaciones sociales.
Nuestro confort se encontrará en los diálogos
individuales coherentes, racionales e informados. Las actividades sociales que no
reporten reflexión y asombro por su nutrición intelectual deben ser rechazadas.
No evadiremos temáticas bajo ningún concepto, política, religión, ciencias de
toda clase. La principal fuente de regocijo preferencialmente será el
conocimiento del pasado lejano y reciente, insumo del cual carece el idiota
posmoderno, he aquí nuestra batería y soporte que construye nuestra
excepcionalidad.
En esta era digitalizada el alma excepcional se mantiene
indómita. Somete en la más abyecta esclavitud todo medio tecnológico que ose
afectar nuestra experiencia y propósito existencial. En efecto, la invasiva
amenaza digital esta desprovista de emociones y sentimientos, es más, carece de
voluntad, pero si le concedemos descuidadamente tribuna, le insuflaremos alma
propia, en este caso, tendrá bríos para desafiarnos y aplastarnos en cuanto
adquiera individualidad propia. La vorágine tecnológica que nos asedia, será
esclavizada por el Ser-excepcional, debe ser sometida a un estricto régimen de
servicio a nuestra heroicidad.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario