sábado, 20 de septiembre de 2025

EXCEPCIONALIDAD INDÓMITA

 



Por 

Profesor WALTHER G.


Quienes transitan por la senda de la excepcionalidad, no escatiman esfuerzos por mantener y reafirmar ésta privilegiada experiencia. Esto se da siempre luego de una intensa ilustración, observación del entorno inmediato que constata la involución social y la vertiginosa destrucción del ser-humano tecnofagocitado, idiotizado y animalizado.


En efecto, la ilustración individual es la clave para la excepcionalidad existencial. Constituye un proceso evolutivo que nace a partir de una o más inquietudes personales que nos inducen a mirar más allá del propio ombligo. La senda de la excepcionalidad existencial esta cimentada por la información ¿Qué clase de información? Información sobre lo profano y lo Divino, lo inmanente y trascedente, todo lo razonable y civilizado, todo cuanto nos hace humanos y no bestias. Toda expresión de la inteligencia humana pasada y presente no debe pasar desapercibida para un Ser pensante y reflexivo.


Al estar debida y contantemente ilustrado desarrollaremos las herramientas necesarias para nutrir y ampliar nuestra cosmovisión, calibraremos el sentido común e incluso el discernimiento general para descubrir que no siempre lo masificado tiene sentido ni es la verdad. El entorno y su aparente realidad serán observadas con minuciosa y critica mirada.


Al contrario de lo que algunos podrían suponer, la senda hacia la excepcionalidad no implica necesariamente suficiencia propia, orgullo o soberbia, más bien debe entenderse a la luz de un resultado natural y obvio en todo aquel que es lúcido y consiente de las ventajas que por creación poseemos, desde éste punto de vista somos privilegiados y bendecidos ¡oh, seres humanos, corolario de la creación! 


La senda ascendente hacia la excepcionalidad del humano pensante, está marcada por el sabio y valiente uso de la voluntad individual, es decir, no considerara en lo más mínimo algo así como la voluntad general o la opinión de las mayorías, esta le son indiferentes y hasta despreciables. La voz pensante e ilustrada ignora y aborrece al idiota posmoderno con sus multivisiones y posverdades. El alma excepcional debe observar y escuchar con sospecha a éstas masas, y una vez corroborada la condición homínida de éstas, no invertir ni un segundo más en prestarles atención, cada instante invertido en ellos es tiempo restado a mis propósitos evolutivos, ni siquiera se debe considerar contar con su compañía, al contrario, debemos cortar vínculos y escapar tan pronto sea posible de sus inerciales y absurdos entornos. En tiempos de idiotismo generalizado, la asociabilidad resulta en tabla de salvación.


Nuestras relaciones sociales, deben más bien ser presencia social observadora, es decir ante el inevitable contacto con la generalidad homínida, obtenerse de relaciones sociales de confianza, cercanas e íntimas, mantenerlas sólo en su sentido utilitario. Las relaciones sociales epidérmicas nos mantendrán seguros, conservaremos nuestro estatus de observadores presenciales del entorno aún si para esto debamos ocasionalmente estrechar la mano de alguien o sostener algún breve dialogo.


La meta suprema del alma excepcional considerará para sí mismo una vida heroica. Para ello, debe reconsiderar con urgencia y determinación su actual actitud para con su existencia humana, es decir, su sentido. Esto se traduce en lo que he tenido bien llamar la individualidad empática. La excepcionalidad implica una decidida y osada individualidad, pero esta no es egoísta, ni sorda o muda, sino empática, más no cómplice. Jamás debemos ceder parte de nuestra individualidad so pretexto de ser empático, esto equivaldría a perder o traicionar la excepcionalidad. En todo caso, el ente objeto de mi empatía debe sobrentender que no puedo ni debo ni seré jamás él. Seremos siempre héroes y referentes para el Australopithecus contemporáneo, he aquí el verdadero propósito de nuestra individualidad empática.


El alma excepcional nunca se hace parte con los tumultos desenfrenados, ni se cuenta entre las masas moldeables y dirigidas. Nunca invierte tiempo en conversaciones superficiales y estériles. Huye del sin sentido, lo absurdo, lo irracional y caprichoso, es en toda circunstancia una presencia social observadora, más no un activo engranaje de relaciones sociales.


Nuestro confort se encontrará en los diálogos individuales coherentes, racionales e informados. Las actividades sociales que no reporten reflexión y asombro por su nutrición intelectual deben ser rechazadas. No evadiremos temáticas bajo ningún concepto, política, religión, ciencias de toda clase. La principal fuente de regocijo preferencialmente será el conocimiento del pasado lejano y reciente, insumo del cual carece el idiota posmoderno, he aquí nuestra batería y soporte que construye nuestra excepcionalidad.


En esta era digitalizada el alma excepcional se mantiene indómita. Somete en la más abyecta esclavitud todo medio tecnológico que ose afectar nuestra experiencia y propósito existencial. En efecto, la invasiva amenaza digital esta desprovista de emociones y sentimientos, es más, carece de voluntad, pero si le concedemos descuidadamente tribuna, le insuflaremos alma propia, en este caso, tendrá bríos para desafiarnos y aplastarnos en cuanto adquiera individualidad propia. La vorágine tecnológica que nos asedia, será esclavizada por el Ser-excepcional, debe ser sometida a un estricto régimen de servicio a nuestra heroicidad.




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