jueves, 28 de agosto de 2025

HACER THEOLOGÍA VERA DESDE EL ASOMBRO

 




Hacia una renovada disposición teológica para el tiempo del fin

 

Por

Profesor Walther G.

 

Algunas precisiones

 

“Estos son los que no se contaminaron con mujeres, pues son vírgenes. Estos son los que siguen al Cordero por dondequiera que va. Estos fueron redimidos de entre los hombres como primicias para Dios y para el Cordero; y en sus bocas no fue hallada mentira, pues son sin mancha delante del trono de Dios” (Ap. 14:4,5)

 

En un mundo afectado por el cristianismo convencional, donde la fe ha sido despojada de su potencia ontológica y reducida a ideología, moralismo o espectáculo vaciado de racionalidad, surge la Theologia Vera como una respuesta radical. Esta “disposición de apertura teológica” busca una decidida y definitiva inflexión ontológica que sustituya al cristianismo inercial y restituya el esplendor ontológico de la fe cristiana, trascendiendo al cristianismo actual y despejando el horizonte a un nuevo creyente, al metacreyente del fin de los tiempos, al miembro de la última y única iglesia mística de Cristo en la etapa final de la historia de la fe cristiana, la etapa postcristiana.


Quisiera explicar sucintamente a modo de adelanto algunos elementos constituyentes de esta propuesta que derivan en una Theologia Vera.


Cuando aludo al cristianismo actual (no romano papista) en sus múltiples e interminables expresiones, incluyo a todas con el nombre de “cristianismo inercial o iglesia inercial” queriendo describir un cristianismo que subsiste a golpe de impulsos, utopías y supersticiones antibíblicas, costumbres y tradiciones enquistadas, liturgias paganocristianas y analfabetismo hermenéutico/exegético. En otras palabras, a la manifestación primitivista tribal, degradada y blasfema de cristianismo en la tierra.


Al hablar de postcristiano(a) o postcristianismo uso el prefijo post en un sentido temporal, es decir “después de”. Pero plantearé la pregunta, ¿después de que? Después de la gran decepción o desilusión que ha significado para una inmensa minoría en el cristianismo inercial, almas insatisfechas, hambrientas y utilizadas. La iglesia mística de Cristo debe madurar y protestar, debe preguntarse ¿esto es todo? ¿qué hay más allá? ¿soy libre realmente? Una vez nos respondamos estas y otras interrogantes estaremos en el umbral del postcritianismo, desplegaremos las alas al percibir el fuerte viento de la inflexión en nuestro ser, para transitar más adelante y más alto que el creyente nominal, conformista y ausente de él mismo.


El postcristianismo no abandona la historicidad de la iglesia cristiana, pero si es la superación de la versión degradada llamada cristianismo inercial. Postcristianismo es la renovación pneumatológica de la iglesia mística de todos los tiempos para éstos últimos tiempos. Es en esencia una iglesia apocalíptica en todo el sentido de la palabra, reconstruirá y terminará lo que ha sido destruido y abandonado. Concluye lo que alguna vez comenzó.


Al referirme a una “inflexión ontológica” (giro del Ser) o un “esplendor ontológico” (resplandor del Ser) aludo a dos o más situaciones experimentadas desde una misma realidad y verdad ¿Qué realidad y verdad? La realidad de que existo, soy ahora y aquí, no como un ente imaginario e intangible, sino como una realidad sensible y objetiva. Ésta realidad llamada ser humano vive, piensa, actúa y desea inteligente o estúpidamente, y en este existir camina aprendiendo o desaprendiendo, se educa y forma, o bien se animaliza y pervierte. Ya sea en una u otra dirección –no hay opción intermedia- siempre habrá un punto de inflexión que fija el rumbo hacia atrás o hacia adelante, hacia abajo o hacia arriba, y aún más, sobre esa misma inflexión, se suman otras inflexiones, como el constructor pone ladrillo sobre ladrillo hasta construir el gran edificio, o golpea ladrillo tras ladrillo hasta derrumbarlo todo, para bien o para mal, la o las inflexiones son parte integrante de la breve existencia. ¿Qué es una inflexión? Es un cambio de dirección, un giro, es tomar un rumbo distinto, en conclusión, una inflexión ontológica o giro del Ser sería un cambio decisivo, intimo, maduro, permanente y progresivo en el Ser-creyente existente, es un giro radical de creyente a metacreyente. ¿Qué podría provocar una inflexión? El asombro.


¿Qué es el esplendor ontológico? O resplandor del Ser, he aquí la segunda situación experimentada desde nuestra propia existencia como metacreyente. Es la vida desde las alturas y no desde una caverna, es volar con las alas totalmente desplegadas, es el gozo del saber, es al amor a la sabiduría, es la libertad para servir y ser un esclavo de Jesucristo, y deleitarse en la más voluntaria servidumbre. Es descansar en los brazos del creador y sentarse en su trono, es iluminar al mundo con la gloria de Dios evidenciada en nuestras obras. Es una existencia metacreyente refulgente como metal bruñido, es comunicar con la boca cerrada.


Por una inflexión fuimos constituidos creyentes, pues por otras inflexiones seremos metacreyentes, y este proceso nunca debe detenerse, hasta alcanzar nuevas alturas. La iglesia mística postcristiana del tiempo del fin está integrada por esplendidos metacreyentes.


El resplandor del ser debe ser resultado de reiteradas luchas y victorias individuales mediante la obediencia por la fe, de constante vigilancia y resistencias por la fe, también por la conservación de esas victorias y del oportuno e inoportuno dialogo creyente por la fe, también por la fe.


El dialogo creyente lo concibo como aquella comunicación personal, solitaria, audible y “extrovertida” con el único capaz de oír desde Orión. Dialogo creyente es aquella conversación entre Amo y esclavo, Padre e hijo, Perdonador y perdonado. Éste dialogo se desprende del testimonio bíblico como alternativa válida a la oración privada o “introvertida” de siempre. No es una osadía, pues constituye una atribución, honor y privilegio otorgado por el mismo gran YO SOY. Él dialogo creyente no es un monologo, es una conversación real con alguien aparentemente ausente pero que ciertamente nos oye, nos mira y conoce nuestras obras.


¿Te sientes sólo? ¡despierta! ¡nunca estamos solos! Puedes importunar al Creador donde estés, ¿estás trabajando en tu oficina? ¿estás en tu casa? ¿caminas por la playa? Puedes hacer un alto, alzar la mirada, observar a tu alrededor, quizás no estás en compañía de otro ser humano, pero Él siempre está allí. ¡Salúdalo! Comienza a dialogar, expresa tus alegrías, temores, tus experiencias, razona con Él, hazle preguntas o propuestas, agradece o solicita su perdón ¡tú y ÉL a solas! Habla en voz alta o sólo con tu voz pensante, pero comienza el dialogo por la fe, un dialogo creyente.


 

 Análisis y diagnóstico del cristianismo inercial

 

“Porque si alguno es oidor de la palabra, pero no hacedor de ella, éste es semejante al hombre que considera en un espejo su rostro natural. Porque él se considera a sí mismo, y se va, y luego olvida cómo era” (Stg. 1:23,24)

 

La Theologia Vera parte del reconocimiento de que el cristianismo actual ha entrado en una fase de inercia, un estado donde el cristianismo ha mutado a anticristianismo, es decir una religión saboteadora de sí misma, ya no es un medio referencial para la vida de fe ni para el saber de lo trascendente, ni contribuye a darle sentido al Ser-creyente más allá de cuatro paredes, un techo y un grupo de instrumentos musicales. Este fenómeno decadente termina reduciéndose en la patética ineptitud o insuficiencia evangelizadora, pobreza espiritual o presunción de fe, drenando lo poco o nada que aún queda de cristianismo vital, la misma profesa iglesia boicotea al Espíritu Santo ignorándolo, para luego dar hospitalidad en su seno a un sucedáneo del Santo Espíritu. Este sucedáneo es un intruso recibido con aplausos mientas utiliza a los mismos creyentes para gangrenar a la iglesia desde su interior. En este proceso, la disolución del cristianismo está resultando en un hecho, y esta disolución no será en términos estructurales, sino culturales, teológicos y espirituales.


El cristianismo inercial, al perder su arraigo hermenéutico, histórico, cultural y la noble aspiración dirigida a vivir el resplandor del Ser, queda vacía y carente de una real potencia transformadora que la arme y capacite para enfrentar y persuadir al mundo. Es en este escenario que la Theologia Vera no busca reformar unas estructuras religiosas agotadas, suficientes y testarudas, sino provocar una inflexión de apertura intelectual y espiritual individual: un punto de ruptura donde la verdad revelada vuelva a manifestarse con prístina elocuencia y esplendor desde cada creyente en particular y generando un movimiento catalizador de fe global. Un despertar desde la inercia, el prejuicio lo pétreo hacia lo plenamente consciente y libre.


El giro del Ser marca el punto de quiebre en la búsqueda del resplandor del Ser, el instante en que el creyente trasciende las formas vacías, sentimentales, primitivas, disidentes, iletradas, espiritistas y analfabetas del cristianismo inercial. Y éste motor motivador es el asombro, cuando son respondidas las preguntas ¿esto es todo? ¿qué hay más allá? ¿soy libre realmente? La libertad humana se despliega conforme al propósito del creador, es en este despertar que el Espíritu de Dios pone frente a nuestros ojos- la conciencia- toda su luz, se cumplen las palabras del profeta Daniel en el sentido que la “ciencia aumentará “en estos últimos días (Dn. 12:4,9).


El conocimiento de la Ley o el redescubrimiento de ésta, sacude la conciencia y lo ha hecho siempre en todo creyente inquieto y sediento (2 R. 22) Este proceso determinante y trascendente de giro del ser conduce inevitablemente a la superación del cristianismo inercial cuya pulpa subyace en el abismo de la estructura eclesial dominadora e inflexible.


También, en la misma conciencia del creyente asombrado surge un segundo orden de preguntas nunca permitidas por el cristianismo inercial, por considerarlas sacrílegas y desleales ¿mi militancia religiosa es una dependencia infructuosa y vegetativa? Este proceso no niega los principios revelados, sino que los lleva a su máxima vivencia personal, es la expresión espontánea y natural de un Ser libre y existente, que usa con libertad una facultad otorgada por el mismo creador, no constituye ningún pecado, por el contrario, el libre albedrío libera la conciencia capturada por la tradición, la superstición, la ignorancia y el miedo. No hay mayor acto de fe que cortar las cadenas puestas por otro débil humano sobre mi libertad de conciencia. La estructura no es una galera donde he sido condenado a remar de por vida, donde no se me permite hablar, movilizarme y debo conformarme con lo que me den de comer. La iglesia inercial no es nuestra dueña, lo es sólo Jesucristo.


Es en este sentido que el asombro por medio de la revelación es como probar nuevos manjares, no son nuevos, sino que los mismos ingredientes son preparados con la antigua receta probada y confirmada. Algún maestro chef avezado en el arte culinario conoce a la perfección las propiedades de cada ingrediente, al punto de mezclarlos y presentarlos de tal modo que son el deleite de todo comensal ¡habíamos probado este alimento, pero ahora sabe mucho mejor! ¡Y son los mismos ingredientes!


En la experiencia hacia el postcristianismo, no se deja de ser creyente, sino que se madura la fe originaria al dar el salto de fe, al mirar más allá, más arriba, al observar la revelación desde las alturas, en perspectiva y en panorámica. Son pocos los que “despliegan las alas por la fe” ¿Cuántos están dispuestos a cambiar la historia, su propia historia?


El metacreyente no es un disidente, no es un apóstata, no es un rebelde, al contrario, es un santo libre en Cristo y en virtud de esa libertad bien informada, es que camina por la fe en busca de pastos frescos y nutritivos, el metacreyente no escucha su voz interior, sino la voz de su conciencia ilustrada por la revelación de Dios escrita en la Ley (Stg. 1:25). El metacreyente es un hiper convertido, la experiencia metacreyente implica una profundización en la experiencia cristiana, no un alejamiento de ella, y esto como resultado de dos elementos: a) Una profundización y mayor toma de conciencia de su propia existencia/dependencia respecto de Dios y b) La práctica permanente de rendición de la voluntad humana a la voluntad de Divina revelada en la Ley.


 El metacreyente declara su libertad interior respecto de lo que es la verdad, con independencia de lo que el cristianismo inercial proclame, el cristianismo inercial no es la voz de nuestra conciencia ni dueña de nuestra voluntad, estas no deben ser absorbidas ni cautivas por nadie salvo por las Sagradas Escrituras.

 

“Cuando extendáis vuestras manos, yo esconderé de vosotros mis ojos; asimismo cuando multipliquéis la oración, yo no oiré; llenas están de sangre vuestras manos. Cuando extendáis vuestras manos, yo esconderé de vosotros mis ojos; asimismo cuando multipliquéis la oración, yo no oiré; llenas están de sangre vuestras manos. Lavaos y limpiaos; quitad la iniquidad de vuestras obras de delante de mis ojos; dejad de hacer lo malo; aprended a hacer el bien; buscad el juicio, restituid al agraviado, haced justicia al huérfano, amparad a la viuda. Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana” (Is. 1:15-18)

 

 

De la Theologia vera

 

“Mas el que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, éste será bienaventurado en lo que hace…La religión pura y sin mácula delante de Dios el Padre es esta: Visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo.”

 (Stg. 1:25,27)


Una definición tentativa:

“Es la disposición intelectual y espiritual del Ser-creyente que, asombrado por la comprensión de la revelación divina, se abre a un giro del Ser que lo conduce y trasforma de creyente a metacreyente”.

“Es teología vivencial, actitud de apertura y obediencia radical a la Palabra revelada, un camino de asombro y discernimiento que restaura el resplandor del Ser creyente al Ser-metacreyente”.


 

Teología vera no presenta un corpus novum doctrinal que abrogue despótica y sin contemplación todo lo existente, sino que irrumpe como una “espiritualidad reflexiva de apertura” que busca desde la teología y el pensar existencial, inducir al revisionismo teológico con vistas a confirmar, reformar o desechar todo planteamiento teológico conocido. No se debe temer, más bien agradecer su propuesta. Es una “disposición por la fe” de apertura y discernimiento espiritual.


La Theologia Vera no se reduce a una formulación dogmática aceptada irreflexivamente; es una realidad ontológica que irradia plenitud y da sentido existencial al metacreyente. Teología Vera es un repensar el dogma, es revitalizar la relación intelectual con el texto sagrado, es un compromiso con la búsqueda, comprensión, certeza y apropiación de la esencia misma del texto inspirado, esta apropiación es injertada como elemento constitutivo en la vida misma del investigador sincero y consagrado, es decir, el buscador busca y encuentra cueste lo que cueste, como el buscador de la pepita de oro en un río. El investigador quiere saber si está en la verdad o no, no soporta la idea de estar en el error, vivir en un engaño o darse por enterado muy tarde que perdió su vida por una quimera teológica, cada verdad, imprecisión o falacia confirmada, descubierta o redescubierta es motivo de consolidación o reforma, decepción o alegría.


 La plenitud en la verdad bíblica absoluta generará una conmoción interior que impulsará solemnemente al creyente a posicionarse insistentemente frente al trono de Dios para juramentarse como leal esclavo del Creador. La iglesia mística postcristiana y apocalíptica será conformada por quienes en su boca no sea hallada mentira, que se mantienen vírgenes, reúsan contaminarse con prostitutas y son primicias para Dios y para el Cordero (Ap. 14:4,5) 


Teología vera es una vuelta a la reflexión escritural en vistas de dejarse asombrar y cautivar, es una revitalización, el despertar de las facultades intelectuales, una reformulación radical que pone cara a cara la presunción y la revelación. Es un revisionismo teológico que inicia en los principios tota y sola scriptura. Theologia Vera no erosiona ni la inspiración ni la autoridad de la revelación escrita, sino que construye sólidamente sobre el firme fundamento de los apóstoles y profetas, que como escalones ascienden al mismo monte de Sion (Ap. 14:1)


La Theologia Vera busca restaurar el resplandor del Ser individual, entendiendo la fe como un caminar de encuentro y renovación con la esencia del Ser-existente racional y creyente, informado por la revelación y que obedece voluntariamente a toda luz recibida. Un apartarse del vicio y la mecánica inepta, supersticiosa e infructuosa del cristianismo inercial con el objeto de preguntar a la propia conciencia ¿soy lo que profeso y pretendo Ser?


En el contexto de la Theologia Vera, el creyente inercial queda superado por el metacreyente: aquel que ha experimentado el giro del Ser y busca la verdad más allá de los dogmas, y reitero, esto no implica necesariamente abandonarlos, pero ciertamente replantearlos, es una opción sine qua non ateniendo a la honestidad intelectual que exige la senda hacia el postcristianismo final.


Este nuevo creyente no se aferra a estructuras fijas, sino que vive en la tensión constante entre la búsqueda, el redescubrimiento y la profundización del misterio revelado, e incluso -siendo osado- podría permanecer físicamente a la estructura inercial, pero siempre libre de conciencia y voluntad.





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