Hacia una renovada disposición teológica para el tiempo
del fin
Profesor
Walther G.
Algunas precisiones
“Estos son los que no se
contaminaron con mujeres, pues son vírgenes. Estos son los que siguen al
Cordero por dondequiera que va. Estos fueron redimidos de entre los hombres
como primicias para Dios y para el Cordero; y en sus bocas no fue hallada
mentira, pues son sin mancha delante del trono de Dios” (Ap. 14:4,5)
En un mundo afectado por el cristianismo convencional,
donde la fe ha sido despojada de su potencia ontológica y reducida a ideología,
moralismo o espectáculo vaciado de racionalidad, surge la Theologia Vera como
una respuesta radical. Esta “disposición de apertura teológica” busca una decidida
y definitiva inflexión ontológica que
sustituya al cristianismo inercial y restituya
el esplendor ontológico de la fe
cristiana, trascendiendo al cristianismo actual y despejando el horizonte a un
nuevo creyente, al metacreyente del
fin de los tiempos, al miembro de la última y única iglesia mística de Cristo
en la etapa final de la historia de la fe cristiana, la etapa postcristiana.
Quisiera explicar sucintamente a modo de "glosario" algunos
elementos constituyentes de esta propuesta y que derivan en una Theologia
Vera.
Cuando aludo al cristianismo actual (no romano papista)
en sus múltiples e interminables expresiones, las designo a todas con el nombre
de “cristianismo inercial o iglesia
inercial” queriendo describir un
cristianismo que subsiste a golpe de impulsos, utopías y supersticiones antibíblicas,
costumbres y tradiciones enquistadas, liturgias paganocristianas y
analfabetismo hermenéutico/exegético. En otras palabras, a la manifestación primitivista
tribal, degradada y blasfema de cristianismo en la tierra.
Al hablar de postcristiano(a)
o postcristianismo uso el prefijo post en un sentido temporal, es decir
“después de”. Pero plantearé la pregunta, ¿después de que? Después de la gran
decepción o desilusión que ha significado para una inmensa minoría dentro del cristianismo inercial, almas
insatisfechas, hambrientas y utilizadas. La iglesia mística de Cristo debe
madurar y protestar, debe preguntarse ¿esto es todo? ¿qué hay más allá? ¿soy
libre realmente? Una vez nos respondamos estas y otras interrogantes estaremos
en el umbral del postcritianismo,
desplegaremos las alas al percibir el fuerte viento de la inflexión en nuestro
ser, para transitar más adelante y más alto que el creyente nominal,
conformista y ausente de él mismo.
El postcristianismo
no abandona la historicidad de la iglesia cristiana, pero sí, es la superación
de la versión degradada llamada cristianismo
inercial. Postcristianismo es la
renovación pneumatológica de la iglesia mística de todos los tiempos para éstos
últimos tiempos. Es en esencia una iglesia apocalíptica en todo el sentido de
la palabra, reconstruirá y terminará lo que ha sido destruido y abandonado.
Concluirá, lo que alguna vez comenzó.
Al referirme a una “inflexión ontológica” (giro del Ser) o
un “esplendor ontológico” (resplandor del Ser) aludo a dos o más situaciones
experimentadas desde una misma realidad y verdad ¿Qué realidad y verdad? La
realidad de que existo, soy ahora y aquí, no como un ente imaginario e
intangible, sino como una realidad sensible y objetiva. Ésta realidad llamada
ser humano vive, piensa, actúa y desea inteligente o estúpidamente, y en este
existir camina aprendiendo o desaprendiendo, se educa y forma, o bien se
animaliza y pervierte. Ya sea en una u otra dirección –no hay opción
intermedia- siempre habrá un punto de inflexión que fija el rumbo hacia atrás o
hacia adelante, hacia abajo o hacia arriba, y aún más, sobre esa misma
inflexión, se suman otras inflexiones, como el constructor pone ladrillo sobre
ladrillo hasta construir el gran edificio, o golpea ladrillo tras ladrillo
hasta derrumbarlo todo, para bien o para mal, la o las inflexiones son parte
integrante de la breve existencia. ¿Qué es una inflexión? Es un cambio de
dirección, un giro, es tomar un rumbo distinto, en conclusión, una inflexión ontológica o giro del Ser
sería un cambio decisivo, intimo, maduro, permanente y progresivo en el Ser-creyente
existente, es un giro radical de creyente a metacreyente.
¿Qué podría provocar una inflexión? El asombro.
¿Qué es el esplendor
ontológico? O resplandor del Ser,
he aquí la segunda situación experimentada desde nuestra propia existencia como
metacreyente. Es la vida desde las alturas y no desde una caverna, es
volar con las alas totalmente desplegadas, es el gozo del saber, es al amor a
la sabiduría, es la libertad para servir y ser un esclavo de Jesucristo, y deleitarse
en la más voluntaria servidumbre. Es descansar en los brazos del creador y
sentarse en su trono, es iluminar al mundo con la gloria de Dios evidenciada en
nuestras obras. Es una existencia metacreyente
refulgente como metal bruñido, es comunicar con la boca cerrada.
Por una inflexión fuimos constituidos creyentes, pues por
otras inflexiones seremos metacreyentes,
y este proceso nunca debe detenerse, hasta alcanzar nuevas alturas. La iglesia
mística postcristiana del tiempo del
fin está integrada por esplendidos metacreyentes.
El resplandor del
ser debe ser resultado de reiteradas luchas y victorias individuales mediante
la obediencia por la fe, de constante vigilancia y resistencias por la fe, también
por la conservación de esas victorias y del oportuno e inoportuno dialogo
creyente por la fe.
El dialogo creyente lo concibo como aquella
comunicación personal, solitaria, audible y “extrovertida” con el único capaz
de oírnos desde Orión. Dialogo creyente es aquella conversación entre Amo y
esclavo, Padre e hijo, Perdonador y perdonado. Éste dialogo se desprende del
testimonio bíblico como alternativa válida a la oración privada o
“introvertida” de siempre. No es una osadía, pues constituye una atribución,
honor y privilegio otorgado por el mismo gran YO SOY. Él dialogo creyente
no es un monologo, es una conversación real con alguien aparentemente ausente pero
que ciertamente nos oye, nos mira y conoce nuestras obras.
¿Te sientes sólo? ¡despierta! ¡nunca estamos solos!
Puedes importunar al Creador donde estés, ¿estas trabajando en tu oficina? ¿estás
en tu casa? ¿caminas por la playa? Puedes hacer un alto, alzar la mirada,
observar a tu alrededor, quizás no estás en compañía de otro ser humano, pero
Él siempre está allí. ¡Salúdalo! Comienza a dialogar, expresa tus alegrías, temores,
tus experiencias, razona con Él, hazle preguntas o propuestas, agradece o
solicita su perdón ¡tú y ÉL a solas! Habla en voz alta o sólo con tu voz
pensante, pero comienza el dialogo por la fe, un dialogo creyente.
“Porque si alguno es oidor de la palabra, pero no
hacedor de ella, éste es semejante al hombre que considera en un espejo su
rostro natural. Porque él se considera a sí mismo, y se va, y luego olvida cómo
era” (Stg. 1:23,24)
La Theologia Vera
parte del reconocimiento de que el cristianismo actual ha entrado en una fase
de inercia, un estado donde el
cristianismo ha mutado a anticristianismo, es decir una religión saboteadora de
sí misma, ya no es un medio referencial para la vida de fe ni para el saber de
lo trascendente, ni contribuye a darle sentido al Ser-creyente más allá de
cuatro paredes, un techo y un grupo de instrumentos musicales. Este fenómeno decadente
termina reduciéndose en la patética ineptitud o insuficiencia evangelizadora, pobreza
espiritual o presunción de fe, drenando lo poco o nada que aún queda de
cristianismo vital, la misma profesa iglesia boicotea al Espíritu Santo
ignorándolo, para luego dar hospitalidad en su seno a un sucedáneo del Santo
Espíritu. Este sucedáneo es un intruso recibido con aplausos mientas utiliza a
los mismos creyentes para gangrenar a la iglesia desde su interior. En este
proceso, la disolución del cristianismo está resultando en un hecho, y esta
disolución no será en términos estructurales, sino culturales, teológicos y
espirituales.
El cristianismo inercial, al perder su arraigo hermenéutico,
histórico, cultural y la noble aspiración dirigida a vivir el resplandor del Ser, queda vacía y
carente de una real potencia transformadora que la arme y capacite para
enfrentar y persuadir al mundo. Es en este escenario que la Theologia Vera no busca reformar unas
estructuras religiosas agotadas, suficientes y testarudas, sino provocar una inflexión
de apertura intelectual y espiritual individual: un punto de ruptura donde
la verdad revelada vuelva a manifestarse con prístina elocuencia y esplendor
desde cada creyente en particular y generando un movimiento catalizador de fe
global. Un despertar desde la inercia, el prejuicio lo pétreo hacia lo
plenamente consciente y libre.
El giro del Ser
marca el punto de quiebre en la búsqueda del resplandor del Ser, el instante en que el creyente trasciende las
formas vacías, sentimentales, primitivas, disidentes, iletradas, espiritistas y
analfabetas del cristianismo inercial.
Y éste motor motivador es el asombro, cuando son respondidas las preguntas
¿esto es todo? ¿qué hay más allá? ¿soy libre realmente? La libertad humana se
despliega conforme al propósito del creador, es en este despertar que el Espíritu
de Dios pone frente a nuestros ojos- la conciencia- toda su luz, se cumplen las
palabras del profeta Daniel en el sentido que la “ciencia aumentará “en estos últimos días (Dn. 12:4,9).
El conocimiento de la Ley o el redescubrimiento de ésta, sacude la conciencia y lo ha hecho siempre en todo creyente inquieto y sediento (2 R. 22) Este proceso determinante y trascendente de giro del ser conduce inevitablemente a la superación del cristianismo inercial cuya pulpa subyace en el abismo de la estructura eclesial dominadora e inflexible.
También, en la misma conciencia del creyente asombrado
surge un segundo orden de preguntas nunca permitidas por el cristianismo
inercial, por considerarlas sacrílegas y desleales ¿mi militancia religiosa es
una dependencia infructuosa y vegetativa? Este proceso no niega los principios
revelados, sino que los lleva a su máxima vivencia personal, es la expresión
espontánea y natural de un Ser libre y existente, que usa con libertad una
facultad otorgada por el mismo creador, no constituye ningún pecado, por el
contrario, el libre albedrío libera la conciencia capturada por la tradición,
la superstición, la ignorancia y el miedo. No hay mayor acto de fe que cortar
las cadenas puestas por otro débil humano sobre mi libertad de conciencia. La estructura
no es una galera donde he sido condenado a remar de por vida, donde no se me
permite hablar, movilizarme y debo conformarme con lo que me den de comer. La iglesia
inercial no es nuestra dueña, lo es sólo Jesucristo.
Es en este sentido que el asombro por medio de la
revelación es como probar nuevos manjares, no son nuevos, sino que los mismos
ingredientes son preparados con la antigua receta probada y confirmada. Algún
maestro chef avezado en el arte culinario conoce a la perfección las
propiedades de cada ingrediente, al punto de mezclarlos y presentarlos de tal
modo que son el deleite de todo comensal ¡habíamos
probado este alimento, pero ahora sabe mucho mejor! ¡Y son los mismos
ingredientes!
En la experiencia hacia el postcristianismo, no se deja de ser creyente, sino que se madura la
fe originaria al dar el salto de fe, al mirar más allá, más arriba, al observar
la revelación desde las alturas, en perspectiva y en panorámica. Son pocos los
que “despliegan las alas por la fe” ¿Cuántos están dispuestos a cambiar la
historia, su propia historia?
El metacreyente
no es un disidente, no es un apóstata, no es un rebelde, al contrario, es un
santo libre en Cristo y en virtud de esa libertad bien informada, es que camina
por la fe en busca de pastos frescos y nutritivos, el metacreyente no escucha su voz interior, sino la voz de su
conciencia ilustrada por la revelación de Dios escrita en la Ley (Stg. 1:25).
El metacreyente es un hiper convertido, la experiencia metacreyente implica una profundización
en la experiencia cristiana, no un alejamiento de ella, y esto como resultado
de dos elementos: a) Una
profundización y mayor toma de conciencia de su propia existencia/dependencia respecto
de Dios y b) La práctica permanente
de rendición de la voluntad humana a la voluntad de Divina revelada en la Ley.
El metacreyente declara su libertad
interior respecto de lo que es la verdad, con independencia de lo que el cristianismo inercial proclame, el cristianismo inercial no es la voz de
nuestra conciencia ni dueña de nuestra voluntad, estas no deben ser absorbidas
ni cautivas por nadie salvo por las Sagradas Escrituras.
“Cuando extendáis vuestras manos, yo esconderé de
vosotros mis ojos; asimismo cuando multipliquéis la oración, yo no oiré;
llenas están de sangre vuestras manos. Cuando extendáis vuestras manos, yo
esconderé de vosotros mis ojos; asimismo cuando multipliquéis la oración,
yo no oiré; llenas están de sangre vuestras manos. Lavaos y limpiaos;
quitad la iniquidad de vuestras obras de delante de mis ojos; dejad de
hacer lo malo; aprended a hacer el bien; buscad el juicio, restituid
al agraviado, haced justicia al huérfano, amparad a la viuda. Venid
luego, dice Jehová, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la
grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí,
vendrán a ser como blanca lana” (Is. 1:15-18)
“Mas el que mira atentamente en la perfecta ley, la de la
libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la
obra, éste será bienaventurado en lo que hace…La religión pura y sin mácula
delante de Dios el Padre es esta: Visitar a los huérfanos y a las viudas en sus
tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo.”
(Stg. 1:25,27)
Unas definiciónes tentativas:
“Es la disposición intelectual y espiritual del Ser-creyente
que, asombrado por la comprensión de la revelación divina, se abre a un giro del
Ser que lo conduce y trasforma de creyente a metacreyente”.
“Es teología vivencial, actitud de apertura y obediencia
radical a la Palabra revelada, un camino de asombro y discernimiento que
restaura el resplendor del Ser-creyente al Ser-metacreyente”.
Teología vera no presenta un corpus novum doctrinal que abrogue despótica y sin
contemplación todo lo existente, sino que irrumpe como una “espiritualidad
reflexiva de apertura” que busca desde la teología y el pensar existencial, inducir
al revisionismo teológico con vistas a confirmar, reformar o desechar todo
planteamiento teológico conocido. No se debe temer, más bien agradecer su
propuesta. Es una “disposición por la fe” de apertura y
discernimiento espiritual.
La Theologia Vera
no se reduce a una formulación dogmática aceptada irreflexivamente; es una
realidad ontológica que irradia plenitud y da sentido existencial al metacreyente.
Teología Vera es un repensar el dogma,
es revitalizar la relación intelectual con el texto sagrado, es un compromiso
con la búsqueda, comprensión, certeza y apropiación de la esencia misma del
texto inspirado, esta apropiación es injertada como elemento constitutivo en la
vida misma del investigador sincero y consagrado, es decir, el buscador busca y
encuentra cueste lo que cueste, como el buscador de la pepita de oro en un río.
El investigador quiere saber si está en la verdad o no, no soporta la idea de
estar en el error, vivir en un engaño o darse por enterado muy tarde que perdió
su vida por una quimera teológica, cada verdad, imprecisión o falacia confirmada,
descubierta o redescubierta es motivo de consolidación o reforma, decepción o
alegría.
La plenitud en la
verdad bíblica absoluta generará una conmoción interior que impulsará
solemnemente al creyente a posicionarse insistentemente frente al trono de Dios
para juramentarse como leal esclavo del Creador. La iglesia mística postcristiana
y apocalíptica será conformada por quienes en su boca no sea hallada mentira,
que se mantienen vírgenes, reúsan contaminarse con prostitutas y son primicias
para Dios y para el Cordero (Ap. 14:4,5)
Teología vera es una vuelta a la reflexión escritural en vistas de dejarse asombrar y
cautivar, es una revitalización, el despertar de las facultades intelectuales,
una reformulación radical que pone cara a cara la presunción y la revelación.
Es un revisionismo teológico que inicia en los principios tota y sola scriptura. Theologia Vera no erosiona ni la inspiración ni la autoridad de la
revelación escrita, sino que construye sólidamente sobre el firme fundamento de
los apóstoles y profetas, que como escalones ascienden al mismo monte de Sion
(Ap. 14:1)
La Theologia Vera
busca restaurar el resplandor del Ser
individual, entendiendo la fe como un caminar de encuentro y renovación con la
esencia del Ser-existente racional y creyente, informado por la revelación y
que obedece voluntariamente a toda luz recibida. Un apartarse del vicio y la
mecánica inepta, supersticiosa e infructuosa del cristianismo inercial con el objeto de preguntar a la propia
conciencia ¿soy lo que profeso y pretendo Ser?
En el contexto de la Theologia
Vera, el creyente inercial queda superado por el metacreyente: aquel
que ha experimentado el giro del Ser y busca la verdad más allá de los
dogmas, y reitero, esto no implica necesariamente abandonarlos, pero
ciertamente replantearlos, es una opción sine qua non ateniendo a la
honestidad intelectual que exige la senda hacia el postcristianismo
final.
Este nuevo creyente no se aferra a estructuras fijas,
sino que vive en la tensión constante entre la búsqueda, el redescubrimiento y la
profundización del misterio revelado, e incluso -siendo osado- podría
permanecer físicamente a la estructura inercial, pero siempre libre de
conciencia y voluntad.
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