domingo, 3 de agosto de 2025

DE LA NECESIDAD Y PLACER DE VISITAR LIBRERÍAS

 



Por 

Profesor Walther G.


Deseando que quienes me secunden en un futuro cercano lean con genuino interés y asombro mis reflexiones y pensamientos que tan sólo buscan plasmar algunos espasmos ocasionales de particular interés, espasmos que miden solo milímetros, pero son parte integral de mi ser que ofrendo y heredo al mundo.

Es en esta vorágine de ansiosa recuperación temporal que mis intereses se ven en parte tardíamente recuperados, es una terapia de reconstrucción y normalización existencial autoimpuesta, un juramento de por vida que asumo como héroe y mártir que soy.

Como todo pensador juramentado, procuro proveerme de los mejores pertrechos disponibles y rastreables en mi entorno, es una actividad considerada una misión, un deber vital que dota de sentido mi peculiar humanidad, he aquí una señal de mi excepcionalidad galopante.

En ésta búsqueda constante, que a éstas alturas de mi vida ya es un hábito bien apropiado y del cual no deseo jamás desligarme, confluyen la multiplicidad y la multiformidad de hechos buscados, encontrados y disfrutados, un enjambre de estímulos direccionados por un solo deseo y deber, es la búsqueda de la inmortal historicidad, para ello debo ofrendar lo único que poseo, de lo único que propiamente podría decir es mío y solo mío, la voluntad, la voluntad de correr tras un propósito trascendente, suspender, rechazar o ignorar todo en vistas de ese propósito.

Esto inevitablemente moverá a la acción, a salir, incursionar y descubrir. No siempre se tiene la certeza de cuantos peces cojera la red, de hecho, no siempre se lanzará la red, o siempre habrán peces en el mar, la única certeza es que saldré si o si, cada día zarpare con un claro propósito, pues desde el mismo momento en que suelto las amarras, el propósito cobra vida y llena todo de esperanza. ¿y que si la red permanece guardada? ¿y que si tan sólo me siento en la popa a observar los pececillos? De todas maneras, el propósito estaría cumplido, no siempre los peces deben terminar atrapados, también pueden ser contemplados, nos alimentamos no sólo por su posesión y consumo, sino también por su cercana admiración.

De igual manera no puedo, y afirmo, no podemos vivir la vida cotidiana y simple sin la búsqueda de la individual consolidación histórica o búsqueda de la inmortal excepcionalidad y esto por medio de la recuperación y enmienda del tiempo.

Y es al mismo tiempo que ésta empresa existencial requiere insistencia y la subordinación de la voluntad al propósito. No puedo abandonar una vez iniciado un proceso creativo, todo debe ser postergado, cancelado o ignorado, la inspiración y las expresiones creativas deben seguir su curso hasta que estas han desplegado toda su excepcionalidad, no debemos temer a la individualidad creativa, ni a reprimir todo obstáculo que distraiga o amenace los espasmos creativos.

Cuando identificamos una fuente de inspiración ésta debe ser capturada, mantenida y valorada, es en este sentido que algunas almas excepcionales y espíritus superiores hallamos en la búsqueda y visita a librerías un gozo inefable que raya en lo sublime e inexplicable, tanto por la actividad misma de búsqueda como en la de aprehensión.

El placer nace a partir de la carencia del habitad y del elemento deseado. La voluntad mueve en la dirección debida hacia el objeto del deseo y satisfacción. Romper con la rutina y ciertas responsabilidades, una pausa existencial, un elemento faltante mueve a la acción, todo queda pendiente, todo es dejado atrás, necesitamos del alimento permanente, la estrada nupcial a una librería o biblioteca es el fin del hambre en la tierra, es la fuente eterna de agua dulce, es el clima templado en la vida humana, es y debería ser nuestro habitad natural, ningún lugar creado por el hombre debería ser considerado con más aprecio que el de un lugar atestado libros, palacio y santuario de la superación y la excepcionalidad humana.

Siempre y en todo lugar pregunta y busca una librería. Cada vez que salgas de casa, procura como deber y sana costumbre visitar un templo del pensamiento crítico, del saber humano, de ilustración y nutrición intelectual, que tus visitas sean tan frecuentes que los dependientes reconozcan tu figura y rutina, nunca ignores cuales son las últimas novedades literarias, invierte el tiempo que sea necesario para repasar cada portada, reseña y contratapa, enfócate en las temáticas de tú interés, eso no quita que reserves algunos minutos a otras áreas del saber tan sólo para estar informado. Una vez dentro, alza la mirada de vez en cuando y contempla el horizonte inmediato por el sólo placer de dominarlo todo, obtén una vista panorámica de la librería, respira hondo y observa todo, como el montañista que conquista la cumbre y con éxtasis toca el cielo. Desliza tus manos sobre cada ejemplar, huele sus adictivos aromas, escudriña sus índices y cantidad de páginas, la textura del papel, el diseño y dimensiones, pasea por cada pasillo como si de un jardín se tratase, olvida el mundo exterior, abstráete por completo y se feliz.

En un mundo maldito y víctima de una ingeniería psicosocial globalitaria, donde gran parte de la población (juvenil sobretodo) padece de distintos grados de algún tipo de trastorno mental que los hace absolutamente imbéciles y parásitos mentales, es que surge la urgente necesidad de una valerosa contra revolución cultural y espiritual, a fin de contrarrestar el genocidio mental en curso.

Para cuando baje al silencio, la gran matanza psicosocial habrá madurado, no se quien leerá estas líneas con rigurosidad, pero si logra comprender bajo cada letra la advertencia y angustia subyacente, reaccionará en conformidad al consejo y llamado. La voz pensante que elevo al mundo es mi legado, y aunque va dirigida a cada habitante de esta tierra, también soy consciente que sólo los espíritus elevados atenderán mi advertencia, pues el mundo está compuesto en su mayoría de almas distraídas, simples y que adhieren sin mayor reflexión a la generalidad homínida.




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