martes, 21 de julio de 2026

LA ÚLTIMA ESTACIÓN

 




Por: 

Dr. Walther Günther von Iquenhafen


La reflexión anticipada y constante sobre la muerte, es el ejercicio de mayor previsión, contención y medicina que podamos practicar. Y no es que esto genere insensibilidad, sino resistencia y paz, o desarraigue la tristeza y la nostalgia en nosotros, sino que aceptación racional de nuestra naturaleza.

Aún, ante la inminente perdida de un ser amado, la angustia y el miedo pueden ser sostenidos en nuestras manos como cuando un alfarero da forma al barro o un panadero a la masa que luego será pan. El miedo o la amenaza no se apodera de nosotros sino nosotros de ella, así, la muerte no hace lo que quiere, sino que lo que nosotros le permitimos. En efecto, en este trance, no podemos impedir a ésta que cumpla su cometido de terminar con una vida, pero sí podemos coartar por completo la estela de sufrimiento que acostumbra regar por donde pasa, es decir, la impresión, sorpresa, asombro, impacto, tristeza y dolor no se estrellan contra una sólida pared, sino que son amortiguados y absorbidos por los blandos y tiernos pastos de la previa reflexión.

No postulo al olvido, ni a la evasión, sino a la aceptación y no rebelión contra la muerte, pues ella sólo es la llave que cierra la vida, como cuando nos vamos a un largo viaje y dejamos tras nosotros la puerta de nuestro hogar cerrada con siete llaves, o cuando termina una gran obra en el teatro, el público se va, las butacas y balcones yacen vacíos en silencio hasta el próximo estreno, o cuando la esposa y sus hijos despiden con lágrimas de esperanza al padre que parte a la guerra. Así la vida queda tras nosotros.

La vida es como una gran esposa, la compañera de toda la vida, nos conoce al dedillo, es una sola carne e indisoluble con nosotros, pero como todo camino tiene un destino, así esta compañera llega a su fin, por lo demás, sólo queda, si es que hay tiempo para ello, hacer un hidalgo recuento de los episodios más relevantes del corto recorrido de la vida y ponderar ¿Cómo ha sido como compañera? Creo que al fin del camino no cabe deliberar si fue buena o mala, sino que como toda esposa tiene virtudes y defectos y, aun así, ha llegado conmigo hasta el fin del camino, de igual manera es innecesaria una autocrítica, pues también tenemos virtudes y defectos asumidos, no sólo hemos disfrutado de nuestra compañera, sino también le hemos sido ingrato y hasta mal agradecido. La hemos sometido a excesos y hasta la hemos desaprovechado en algún período de nuestro caminar conjunto. En definitiva, no debe haber cabida para reproches y lamentaciones, la vida es el único camino del cual la marca de cada pisada no puede ser borrada. Cada marca de nuestros pies ahí está, aciertos y desaciertos, como restos arqueológicos, mudos testigos de innumerables civilizaciones que nos enseñan la vida de quienes existieron antes que nosotros. Algo así como mis escritos, muy pronto también rastros literarios enterrados en las arenas de la generalidad homínida.

La vida es esa conciencia presente y permanente que es ya cotidiana, la muerte no, ésta es como quien después de un largo viaje en tren te despierta de golpe para comunicarte que ya llegamos a la ultima estación y debes bajar, luego, una vez parado en el andén, eres tú quien despide a la vida que sigue galopante su rumbo.

Reflexionar sobre la muerte es y será una señal vivida de quienes están muy despiertos, de las voces pensantes, de los espíritus excepcionales. No reflexionar en ella es como caminar encorvado, con mirada errática y evasiva, voz contenida y escasez de vocabulario para expresar una idea, es ser un discapacitado intelectual, un cobarde y necio.

La reflexión inteligente, permanente y anticipada sobre la muerte es como cuando hacemos un recuento de que cosas llevaremos para tal o cual viaje, que ropa y artículos incluiremos en nuestro equipaje, es como cuando salimos de casa temprano y dejamos sobre la mesa a quienes aún duermen una nota con indicaciones para el día, o al llegar la hora de abordar un avión, giras para dar un abrazo de despedida a tus seres queridos. Pensar en la muerte es un estar vivo y atento, es un estar completamente en el mundo. Entonces, ¿vale la pena odiar? ¿abrigar rencor y resentimientos? ¿no son estos lastres en la vida? ¿no será mejor soltar esas amarras y seguir viviendo lo que resta? ¡ni canas ni arrugas nos saldrían! Quizás esta es la cura contra la mortalidad natural del alma.

Sin lugar a dudas pensar racionalmente en la muerte es una invitada de piedra para nuestra conciencia, sin embargo, su recurrente compañía debería redundar en fortaleza y madurez interior. No es bajo ningún concepto una enemiga. Así como después de muchas horas sin dormir nuestros ojos comienzan naturalmente a cerrarse pidiendo a gritos descanso, así la muerte tras un determinado periodo de vida nos anuncia que debemos también cerrar los ojos. Así como no podemos impedir que nos de sueño, pues por más que nos resistamos terminaremos quedándonos dormidos en algún lugar, de igual manera la muerte nos hará dormir en cualquier momento y lugar, todos llegaremos a la última estación, y con pañuelo blanco en mano, despedir a nuestra compañera de siempre, la vida.




martes, 14 de julio de 2026

ARBITRARIO ASTRO REY

 



Por: 

Dr. Walther Günther von Iquenhafen


Cada vez que veo el sol huyo de él, mientras más viejo más lo aborrezco. No soporto verlo desde mi ventana, ¿es quizás el deseo íntimo de no ser visto por el mundo que he llegado a evitar sus rayos estridentes? Cada vez que estos intrusos penetran mi pieza lo lamento, procuro cerrar aún más las ventanas, no soporto a quienes no he invitado y sin embargo insisten, y hasta desafían mi privacidad. Pienso que no debería iluminar a quienes no quieren ser iluminados por él, arbitrario e indiferente, ahí fue colgado sobre este planeta miserable, con su lastre igualmente miserable de seres humanos.

Que decir de lo que han tenido bien llamar verano, ese espantoso período de tiempo estacional que se debe soportar a costa de quemaduras, sudor y pesadez atmosférica. ¿Estoy condenado a ser un peregrino evitando el sol o, mejor dicho, un fugitivo del mismo? Lo peor es soportarlo en compañía de otros, pues debes fingir resignación y adaptabilidad, pues bien, yo no, yo no voy a actuar ni a sobre actuar, a mi edad pienso que las caretas son una tortura innecesaria, tengo la entereza y la valentía para pensar, actuar y morir solo. No le temo a la muerte, es lo que es, un descanso. ¡bendito descanso!

Es tal el aborrecimiento a los rayos y luz del sol, que todas las escenas en mis sueños trascurren de noche, y hasta una vez me vi sentado en una playa de noche con un quitasol instalado junto a mí, ni en sueños quiero verlo. Lo aborrezco tanto como al mismo barullo humano, ladridos de perros, conversaciones superfluas y vulgares.

La generalidad humana se adapta al sol, yo no. Prefiero dar la batalla, prefiero resistir. El sol exige exposición, es enemigo de la privacidad, es intruso y un observador omnisapiente del cual busco siempre librarme ¡sal de mi presencia!

¿Será que en realidad no quiero ver ni interactuar con nadie? Que la luz del día invita a la distracción es un hecho. Cuando cada mañana vuelvo de la inconciencia, y mis sentidos recuperan la normalidad, comienza la gran batalla para no abrir mis ojos, no soporto nuevamente ver por la ventana esos molestos rayos del sol que roban mi intimidad, mi paz y mis pensamientos más fecundos, el sol no me deja pensar ni crear, ¡ahuyentan a Faustina Dorothea!

Pienso en algunas décadas más, alguien por accidente leerá estas palabras en mi ausencia. No tengo ninguna inútil esperanza que algún familiar le interese lo que escribo, sin embargo, según he aprendido de la historia, siempre hay mentes pensantes, intelectuales, y excepcionalidades, almas brillantes y superiores que se interesan en las letras, esos espíritus cultos que como pacientes arqueólogos buscan y buscan hasta dar con aquello que le da sentido a su profesión. Solo espero que mis escritos sean descubiertos de noche, donde junto con el hallazgo tengan también la tranquilidad que brinda la ausencia de sol y de lo humano.

Para apreciar lo que escribo, se debe en algo haber conocido el mundo, se debe haber leído lo suficiente como para aprender a diferenciar entre lo sublime y lo estúpido, para penetrar en la mente sensible de un pensador disruptivo, se debe haber tenido suficiente testimonio de la maldad humana sin Dios. Creo probable que lo que ahora escribo morirá conmigo, pues las almas excepcionales están en extinción, y solo ellas me gustaría me leyesen, pues son las únicas que lograrían comprender en alguna medida satisfactoria mis reflexiones.

Tarde desperté, pero no es tarde, si redoblo mis esfuerzos en evitar el sol y favorecer mis pensamientos puede que aún esté a tiempo, aunque sea para lanzar una última bocanada al mismo mundo que me distrajo y engañó por décadas ¡mundo maldito! ¡no sabes cuánto quiero salir de tus sucias entrañas! El mundo es como un intestino sucio y un recto erosionado.

El sol no me favorece, por el contrario, me obstaculiza sobremanera, quisiese que nunca amaneciese tan solo para no verlo en el cielo. Celebro extasiado cuando alguna nube o un eclipse lo cubre, que daría para que ese instante fuese eterno.

Arbitrario astro rey, debo combatirlo día a día, me incomoda, su sola presencia me irrita, sin embargo, lo resisto en mis trincheras, he cavado muchas y de varias profundidades y extensiones. Éste cabezón cubierto de lava ardiente ni sabe dónde me escondo de él a cada instante mientras está calentando sobre las ciudades. He aprendido a camuflarme, a evadir su omnipresencia y lo engaño haciéndole creer que ya no existo, no me ve, pero yo si lo veo y se cuándo se retira y deja de reinar, es entonces cuando a sus espaldas me burlo de él ¡oh rey prepotente!

Si pudiese descolgarlo lo haría sin pensarlo dos veces, pero aún no es mi turno, llegará sin duda ese momento cuando cierre mis ojos para no verlo jamás, entonces yo seré el omnipotente, pues habré logrado la victoria absoluta sobre su molesta luz y sus rayos entrometidos, pues a la trinchera donde voy él no podrá ir, ahí viviré libre, mis sueños sin sol serán una realidad eterna.